Editorial

Editorial Letras nº2


La “Salud Mental” es la que está enferma, como podrán leer en los textos que conforman el dosier de este número.
La Salud Mental como concepto y también como dispositivo de atención de los denominados “enfermos mentales”.
Como señala Gil Caroz en su presentación del primer Congreso Europeo de Psicoanálisis, lo que ha pasado a primer plano en nuestra época es la coordinación política y económica de la Salud Mental,  relegando el debate clínico y epistémico sobre el síntoma. Esta nueva forma de la política basada en una transformación del discurso del amo, ahora evaluador, pretende imponer una concepción estandarizada y “científica” del malestar y la enfermedad, rechazando el debate sobre la causalidad psíquica y la función que cumple el síntoma para el sujeto.
En este sentido, la Salud Mental está enferma de ignorancia.
La estadística y las prácticas basada en la supuesta “evidencia”, sostenidas en la acción combinada de la farmacología y las prácticas autoritarias de “normalización” conductual, constituyen el acerbo de un modelo de “salud mental” que gira alrededor del nuevo homo economicus, otro nombre del sujeto evaluado en el tiempo del discurso capitalista. Como señala Foucault en Nacimiento de la Biopolítica, “el neoliberalismo norteamericano postula la extrapolación del análisis economicista a otros ámbitos del comportamiento humano… De modo que el objeto de análisis económico debe identificarse con toda conducta finalista que implique una elección de medios, vías e instrumentos; en suma, identificación del objeto del análisis económico con toda conducta racional”.
A la ignorancia, se suma pues una segunda enfermedad, la cuantificación, que Heidegger señaló en La época de la imagen del mundo.
Si hasta hace no mucho, el psicoanálisis encontraba en la psicosis un terreno común para el debate con la psiquiatría, este terreno ha sido abandonado por ella al reemplazar lo real del síntoma del sujeto, por el saber sobre lo real propio de la ciencia y la evaluación. Es fácil entender entonces, la sustitución de la clínica psiquiátrica por los actuales manuales estadísticos.
Este desvanecimiento del debate clínico sobre la causalidad psíquica de la enfermedad mental y sobre el concepto mismo de “salud mental”, no hubiera sido posible sin la normalización farmacológica y la normalización conductual, sostenidas en una concepción de la “norma” sostenida en los prejuicios inconscientes del clínico, que se imponen por tanto en su vertiente de sugestión autoritaria.
“Aquí como allá, se prepara la ciencia rectificando la posición de la ética”, afirmó Lacan en Kant con Sade, y nos preguntamos qué rectificación ética subyace a las nuevas enfermedades de la Salud Mental. Ignorancia, cuantificación, autoritarismo, son tres nombres de la enfermedad de la Salud Mental que examinamos en el dossier que articula este segundo número de LETRAS.
Como contrapunto, encontrarán en la sección dedicada al Pase los testimonios de Araceli Fuentes y de Pilar Gonzalez, recientemente nombradas Analistas de la Escuela. El síntoma como saldo final de un análisis, rasgo particularísimo de una posición radicalmente distinta ante lo real. Otra ética, otro saber.

Andrés Borderías
aborderias@arrakis.es

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