Un enfoque psicoanalítico frente al avance masivo de la inteligencia emocional:

Textos: Mirta García Iglesias y Ana Ramírez Izquierdo

dossier4El pasado verano fuimos convocadas por una prestigiosa ONG de carácter internacional, para impartir un taller a jóvenes voluntarios con motivo de celebrarse las Jornadas Anuales de dicha institución. Se celebrarían en la Universidad de Alcalá de Henares y se solicitaba nuestra colaboración para dirigirnos a jóvenes educadores que trabajan en diferentes áreas: educación, inmigración y mujeres. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando comprobamos, sin saberlo previamente, que el taller estaba anunciado bajo el significante de inteligencia emocional!

En un primer momento pensamos que no podríamos dictarlo. No era una postura ética el emprender una tarea que se alejaba diametralmente de nuestro quehacer e ideario psicoanalítico. Luego de un periodo de reflexión, decidimos hacerlo, pero llevando a cabo una deconstrucción de la inteligencia emocional y, desde nuestra posición teórico-práctica de analistas lacanianas, dando cuenta de nuestro saber epistémico, clínico y político. Atendimos la demanda de la ONG que nos pedía orientar el trabajo de los educadores sociales con los diferentes colectivos. Nuestra propuesta fue aceptada. ¿Cuál fue el resorte, la chispa que nos animó a llevar a término dicha tarea? Recordemos lo que Lacan plantea en la Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela cuando nos habla del “psicoanálisis en extensión, o sea, los intereses, la investigación, la ideología que él acumula”1. ¿Por qué, entonces, no poder transmitirla a jóvenes en formación, cuyo abanico de edad oscilaba entre 17 y 30 años.

Además también teníamos en mente el texto de Freud, Múltiple interés del psicoanálisis, 2 su múltiple extensión, la pedagogía, la filosofía, la antropología, la literatura, la biología, la filología, múltiples referencias de saberes referenciales que hacen a la extensión del psicoanálisis. Asimismo evocamos las palabras de Jacques-Alain Miller en su conferencia Del saber inconsciente a la causa freudiana, cuando dice “no hay verdadera transmisión del psicoanálisis cuando esa transmisión se queda entre los que comparten la misma experiencia, hay una verdadera transmisión cuando algo de la experiencia se puede transmitir a otros sin la complicidad de la misma experiencia compartida”. 3 De igual modo rememoramos, citando nuevamente a Miller en Cartas a la opinión ilustrada, cuando hace referencia a que “el psicoanálisis es, en efecto, una actividad tan útil como honorable, cuyos pormenores el público entendería perfectamente si les fueran expuestos sin misterios, sin melindres, sin jerga –o estrictamente la necesaria- sin tono de gran señor ni argumento de autoridad, y con un poco de sentido común y de vivacidad”. 4

Si contábamos con la anuencia de los organizadores, era una ocasión útil para hacer llegar a estos educadores una visión psicoanalítica en esta época atravesada por el discurso cientificista; ocasión de convocarlos a la “tarea del pensar”, 5 invitarlos a que se confrontaran a un discurso desalienado del discurso imperante, uniformizante y totalizador que gobierna nuestra contemporaneidad. Nos interrogábamos acerca de qué discurso sostiene Daniel Goleman bajo el concepto de inteligencia emocional. En su texto La inteligencia emocional editado en 1995 que llegó a ser un best-seller, explica al público, de manera sencilla y fácil de comprender, -teniendo en el horizonte ideales de la época como el control y la felicidad- cómo controlar y modificar los estados anímicos, tanto los propios como los de los demás. Defiende que lo emocional interfiere aumentando o disminuyendo la inteligencia. Se basa, para postular su teoría de las emociones, en los avances neurocientíficos y se pregunta: ¿por qué personas con un cociente intelectual elevado no resultan exitosas y otras, con un cociente bajo se manejan apropiadamente? Su tesis es que la diferencia entre unos y otros radica en el conjunto de habilidades que ha denominado inteligencia emocional: autocontrol, entusiasmo, perseverancia y capacidad para motivarse a uno mismo. Estas habilidades pueden enseñarse a los niños, sacando entonces el mejor rendimiento del potencial genético intelectual.Goleman pone de manifiesto en su desarrollo los significantes amos del discurso de la ciencia que caracterizan las últimas décadas del siglo XX. De este modo intenta esbozar una ética que dependería de los centros emocionales del cerebro, a la vez que afirma que lo emocional y el cociente intelectual se pueden modificar con la experiencia. Hace depender el control de las emociones de lo consciente, del yo y de la voluntad. Esto constituye un punto fundamental de su planteamiento. Expone que “quienes se hallan a merced de sus impulsos -quienes carecen de autocontrol- adolecen de una deficiencia moral porque la capacidad de controlar los impulsos constituye el fundamento mismo de la voluntad y del carácter”. 6 Se interroga sobre el malestar desde el inicio de su libro: ¿cómo hacer cuando la emoción o el impulso es muy fuerte o patológico? En esos casos recomienda medicación como modo de resolución del malestar, dentro del modelo organicista que propone.En general el conjunto del libro no deja de asombrarnos en sus planteamientos. Es una mezcla de conceptos, autores, teorías y por momentos no sabemos muy bien a qué atenernos. Aunque su modelo es claramente biologicista, recurriendo a técnicas cognitivo-conductuales y a la farmacopea, Goleman en referencia expresa a Freud dice “cualquier emoción puede ser -y normalmente es- inconsciente”.7 Sin embargo no define qué es el inconsciente y, por lo que se deduce de lo expuesto, indudablemente no lo tiene en cuenta. Al carecer de una teoría que piense al sujeto del inconsciente no enfoca su tratamiento desde ahí.El psicoanálisis tiene su teoría del sujeto. Parte de un sujeto distinto por su cualidad de hablante, a diferencia de los animales. “Para Goleman somos una química, que puede y debe ser modificada por otra química”. 8 Podemos preguntarnos: ¿qué es el inconsciente? Sólo los seres hablantes tenemos inconsciente. Por tanto, la condición del inconsciente es el lenguaje. ¿Cómo se manifiesta? A través de las formaciones del inconsciente: sueños, actos fallidos, lapsus, olvidos, síntomas; se desliza en las palabras, precisamente porque uno habla tiene una relación con el inconsciente.Las formaciones del inconsciente tienen una función que es la de encontrar un sentido a los sinsentidos que aparecen; tienen la función de demostrar la existencia del inconsciente.En cuanto a su contenido, tiene que ser descifrado, traducido. Es singular para cada sujeto. Es particular y único. Trabaja sin pensar, sin calcular, sin juzgar, su fruto es un saber. Ese saber tiene que ver con cómo el sufrimiento afecta al sujeto.El marco del inconsciente es la memoria, la manifestación del pasado, lo infantil. Para la teoría freudiana hay dos rasgos fundamentales que determinan y dejan huella en la constitución del sujeto. Uno es el estado de dependencia e indefensión en el que nace la cría humana que le sitúa en una relación muy especial al otro; y el otro es que el sujeto está habitado por el lenguaje. El modo de relación al otro va a ser una referencia fundamental para pensar y orientar la práctica del trabajo de los educadores, con colectivos caracterizados por cierta precariedad simbólica. La forma de relación al otro es fundamental para pensar las diferentes estructuras psíquicas de los sujetos. Es algo que no debería ignorar todo aquel que trabaje con cualquier colectivo.Si tenemos en cuenta los ideales de la época: la felicidad, el control, la evaluación , donde el discurso científico aliado con la tecnología intenta convertir a los sujetos en un conjunto de reacciones químicas y genes reduciéndolos a un mero organismo, pretendiendo borrar su principal característica que es la de ser parlantes, sexuados y mortales; es dentro de este panorama contextual donde obras como la de Goleman, Jorge Bucay y un largo etcétera encuentran el caldo de cultivo apropiado para desarrollar sus ideas, consejos y órdenes que persiguen promover el cambio de los sujetos, volviendo a “poner al sujeto, por medio de la persuasión, en los rieles que lo conducen a aquello que la sociedad espera de él”.9¿Qué traen los sujetos cuando vienen con un sufrimiento según la teoría de Goleman o según la teoría psicoanalítica? Pondremos un ejemplo para ilustrar cómo trata Goleman el síntoma. Es un ejemplo que él mismo nos ofrece. Se trata de una joven adolescente que está deprimida: “Dana, de dieciséis años, parecía desenvolverse sin problemas, pero de pronto dejó de poder relacionarse con las otras muchachas y, lo que era mucho peor, no sabía cómo conservar a sus novios, aunque se acostara con ellos. Taciturna y constantemente fatigada. Dana perdió interés por la comida y por las diversiones. Decía que se sentía desesperanzada e impotente para hacer algo que le permitiera escapar de ese estado de ánimo y que incluso había llegado a pensar en el suicidio.Esta caída en la depresión había sido causada por una reciente ruptura. Según decía, no sabía salir con un chico sin mantener relaciones sexuales con él –aunque no le gustara- y tampoco sabía cómo poner fin a una relación por más insatisfactoria que ésta fuera. Por otra parte, aunque se acostara con los chicos, lo único que deseaba era llegar a conocerlos mejor.Dana acababa de cambiar de instituto y se sentía muy insegura acerca de su capacidad para entablar nuevas amistades. No obstante, se abstenía de iniciar una conversación y sólo respondía cuando alguien le dirigía la palabra. Se sentía incapaz de manifestar sus verdaderos sentimientos y ni siquiera sabía qué decir después del habitual “Hola, ¿qué tal?”.10Para Goleman la explicación de este tipo de alteraciones es la falta de control sobre el ciclo de preocupación. Da como causa de esta preocupación, la explicación y el razonamiento que expone la propia paciente, su reciente ruptura. Y sin más, propone como solución, aplicar a la paciente un programa experimental protocolizado que consiste en la adquisición de habilidades emocionales tales como aprender a enfocar más adecuadamente sus relaciones, desarrollar la capacidad de tener amigos íntimos, expresar los propios sentimientos, confiar en los demás, establecer límites sobre la proximidad sexual, etcétera.En general el remedio que sugiere para todos los casos consiste en el aprendizaje de técnicas de relajación, tomar conciencia, darse cuenta, entrenarse y adoptar una postura crítica ante las creencias que sustentan la preocupación, pudiendo servir estas técnicas para frenar la actividad neurológica que subyace a todo malestar, según Goleman. Y aclara “sería una señal de autoconciencia que las personas recurrieran a la medicación para tratar de interrumpir este círculo vicioso”11,el círculo de la preocupación.¿Qué diferencias encontramos entre el tratamiento de Goleman y el de la clínica de la causa? En la clínica psicoanalítica, en primer lugar, hay que preguntarse por la causa. Ir más allá del síntoma. El sujeto irá historizando su vida, y en esos dichos aparecerán los significantes que marcan, que han dejado huella. Son las palabras las que nos afectan, y entonces la forma de acercarnos al malestar es desde la propia palabra. Se constata que cuando el sujeto sabe algo acerca de su sufrimiento puede responsabilizarse de lo que le pasa. Hasta que un sujeto no se pregunte cuál es su parte comprometida en aquello de lo que se queja, no estará en condiciones de tomar una decisión respecto a aquello que le concierne. Se sabe por experiencia que lo que no se simboliza, lo que no se traduce en palabras, reaparece en lo real del cuerpo haciendo síntoma. La relación al otro, es decir las relaciones con los demás, sus dificultades, si hace lazo o no, su modo de goce, serán las referencias fundamentales para ubicar el malestar subjetivo. Goleman también utiliza la palabra, pero su cometido es bien diferente: la sugestión y el control. 

Algunas orientaciones a los educadores
Más allá del colectivo con el que se trabaje, ya sean niños, mujeres o inmigrantes, es importante tener en cuenta la particularidad, la singularidad de cada uno.No es igual considerar que las personas son producto de una historia, de una época, de unos padres, que pensar que la subjetividad puede ser abordada a través de la biología. Freud afirmó que el psicoanálisis, la política y la educación son tres profesiones imposibles porque las tres comparten una imposibilidad estructural. Las tres impiden establecer una relación entre causa y efecto. Los resultados no se pueden anticipar y sólo se pueden considerar retrospectivamente.La pulsión, otro de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, torna la educación en un imposible. Esto es lo que Goleman llama los impulsos que nos desbocan. Pero mientras él se plantea el control de los impulsos como enfoque prioritario en sus tratamientos, la clínica de la causa sabe desde Freud, que la violencia, la pulsión de muerte, es intrínseca al ser humano y siempre se satisface. Y en este sentido la pulsión es imposible de educar porque representa lo que no se puede reducir de la pulsión de muerte. ¿Qué es la pulsión? ¿De qué se trata? Hay dos grandes tendencias: Eros, que por vía del placer da lugar a los lazos de cohesión y del amor, y tiende a la vida; y Tánatos como destrucción que tiende a la muerte. El gran descubrimiento de Freud fue que el hombre no siempre quiere su propio bien. Aunque el sujeto diga que quiere su bien, descubrimos en la clínica que no siempre es así. La pulsión aparta al sujeto del equilibrio y la homeostasis del placer. El psicoanálisis se separa de este modo de otras teorías que prometen la felicidad y la completud.El proceso educativo resulta muy difícil cuando el educador no sabe nada de su propia vida infantil, ni de sus deseos y carencias. ¿Con qué recursos cuenta el educador para los desafíos que se presentan en los trabajos con los diferentes colectivos? La formación para todo educador que trata con sujetos requiere de una experiencia previa, de un saber sobre uno mismo.Philippe Meirieu en su libro Frankestein Educador propone que se debe cambiar la concepción de “educación como fabricación”12, es decir que tendremos que tener en cuenta ciertas consideraciones y una de ellas, tal vez la más importante, es que el educador intentará definir, hallar en el niño aquello que lo particulariza, que lo hace único, que lo identifica.Precious, el film de Lee Daniels, nos muestra que la protagonista logra salir de esa especie de autismo que la caracterizaba, cuando tiene un encuentro con una profesora que la acoge. Ésta interroga uno por uno, a cada alumno acerca de qué es lo que mejor sabe hacer. En la misma línea Daniel Pennac, en su libro Mal de escuela, nos relata que el encuentro con tres o cuatro profesores fue determinante en su vida. Cuenta que esos profesores no compartían con ellos sólo su saber, sino el propio deseo de saber. Todos se sentían considerados porque enseñaban a los buenos, a los malos y a los mediocres; y les hacían correcciones particularizadas. Cuando interrogan a Pennac acerca de cuál es el modo de enseñar sin estar preparado para ello y si existe algún método, la respuesta es que el método no es suficiente, sino que hace falta amor. Trabajar desde el deseo es algo muy distinto que trabajar desde el ideal. El educador logrará despertar el interés si él mismo tiene interés. Tratará de no dar continuamente respuestas, sino de intentar hacer buenas preguntas, ubicándose en una posición de no saber. No hay que etiquetar. Lo único que se logra con ello, es fijar a la persona en ese tipo de identificación.Para el psicoanálisis la transferencia entre profesor y alumno, el vínculo que se establece entre ambos, es la posibilidad para la transmisión del saber que no es sin el deseo. Es importante para todo educador saber que su trabajo puede cambiar la vida de un sujeto. No es lo mismo enfocar la práctica bajo los imperativos de los modelos bio-psicosociales que hacen hincapié en el control de las situaciones conflictivas, que desde una posición que tenga en cuenta lo que un sujeto dice de su malestar. En el fracaso escolar, en la hiperactividad, en ciertas formas de violencia, es fundamental ir más allá de lo inmediato, preguntándose por la causa del malestar en cada sujeto. Uno por uno. La posición del psicoanálisis ante lo que no va, difiere de la estandarización y el protocolo tan al uso hoy en día. No es lo mismo pensar al alumno, a la mujer, al inmigrante como un sujeto que como un objeto.Si se considera un sujeto, se abre la posibilidad de la falta, del deseo, del amor, de la responsabilidad, de la elección. Si se toma como un objeto más, queda el aislamiento, la desorientación, los actos, los excesos; síntomas masivos de la actual civilización.

 


LAS AUTORAS
Mirta García.  A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: mirmar@arrakis.es
Ana Ramírez. A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Email: anarramiz@telefonica.net

Referencias
1 J. Lacan, Proposición del 9 de Octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela. Primera versión.  Internet. www.scribd.com/doc/7301798/Proposición, pg.14.
2 S. Freud, Múltiple interés del psicoanálisis (1913), Obras Completas, Tomo II, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1973.
3 J.A.Miller, Del saber inconsciente a la causa freudiana (1989), Conferencia en Granada.
4 J.A.Miller, Cartas a la opinión ilustrada. Paidós, Buenos Aires, 2002, pg.58.
5 J. Alemán y S. Larriera, Lacan: Heidegger. El psicoanálisis en la tarea del pensar. Miguel Gómez. Ediciones, Málaga, 1998.
6 D. Goleman, La inteligencia emocional. Editorial Kairós, Barcelona, 1996, pg.28.
7 Ibíd.,pg.106.
8 J.Pundik, ¡No quiero pensar! Un enfoque psicoanalítico de la inteligencia emocional, la psicosomática y las drogas. Editorial Filium, Madrid, 2003, pg.29.
9 J.A.Miller, Cosas de Finura. Fotocopia, clase del 19 de Noviembre de 2008.
10 D.Goleman, La inteligencia emocional, op.cit., pg.364-365.
11 D.Goleman, La inteligencia emocional, op.cit.,pg.129.
12 P.Meirieu, Frankestein Educador. Editorial Laertes, Barcelona, 1998, pg.3.

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