Las derivas de la ciencia en su aplicación a la salud mental*

Textos: Santiago Castellanos

 

dossier3.jpgEl discurso de la ciencia invade todos los aspectos de la civilización y de la vida cotidiana, de manera que todo aquel que se presente como garante de ese discurso es automáticamente legitimado aunque carezca del más mínimo rigor científico. Este es el caso de las neurociencias y de las corrientes más biologicistas de la psiquiatría que forman parte de lo que podríamos llamar las falsas ciencias o pseudociencias. Ellas se presentan en la actualidad como la aplicación de la ciencia al campo “psi”.Se nutren sobre todo de los avances científicos en el campo de la genética, de la biología molecular y de las nuevas tecnologías, que permiten observar lo real del organismo con sofisticados aparatos que nos muestran imágenes que cambian de color en relación a los procesos mentales que se producen de forma experimental.En la actualidad asistimos a una vuelta de tuerca más a la era del psicofármaco. No se trata solamente de que el discurso capitalista, en alianza con el discurso de la ciencia, pueda proponer cada poco tiempo una nueva “píldora de la felicidad”. Esta tendencia ya la conocemos y ha conducido a un uso generalizado de sustancias psicoactivas que inducen a una farmacodependencia y a un enorme negocio para la industria farmacéutica. De esta forma el paciente cada vez más demanda un medicamento para hacer gozar el cuerpo y la psiquiatría ha tomado el rumbo del abandono de la clínica y de la transferencia como pilar fundamental del tratamiento.Los avances tecnológicos ponen a disposición nuevas formas de ingeniería científica que en alianza con la psiquiatría, intervienen sobre lo real del organismo. Esta nueva vuelta de tuerca, realizada en nombre de la ciencia, intenta por todos los medios a su alcance que el ser humano pueda ser atrapado en la mirada de una pantalla que pretende dar cuenta de los laberintos de su existencia. El cuerpo es manipulado como si se tratara de una máquina que se puede ajustar e intervenir sin considerar las consecuencias de todo tipo que se producen.La reducción cientificista de lo humano trata de atrapar la complejidad de lo que nos separa del mundo animal en una serie de fórmulas, alteraciones de códigos genéticos, neurotransmisores e imágenes creadas por las técnicas más avanzadas. No es una broma. Se invierten ingentes sumas de dinero en “homogeneizar” la diferencia. Esto no es sin consecuencias. 

Las técnicas de neuroestimulación cerebral profunda
Una de estas intervenciones se refiere a las indicaciones y los efectos de las técnicas de neuroestimulación cerebral profunda para pacientes diagnosticados con Trastorno Obsesivo Compulsivo y Depresión.1En el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, los Servicios de Psiquiatría y Neurocirugía están experimentando los efectos de la implantación de neuroestimuladores en los núcleos de la base del cerebro. Hay tres dianas: la cápsula interna y los núcleos acúmbeo y subtalámico. La intervención en el quirófano se lleva a cabo con el paciente sedado. La neurocirugía actual puede utilizar métodos más sofisticados que en otros tiempos en que se trataba de provocar lesiones cerebrales para tratar patologías. En la actualidad se interviene sobre fascículos de fibras nerviosas produciendo supuestamente menor daño cerebral. Las famosas lobotomías han quedado para la historia, pero la experimentación continúa.La implantación de neuroestimuladores se presenta como una cirugía poco agresiva y reversible porque en el caso de que no sea adecuada la respuesta, se pueden extraer los dispositivos. Sin embargo hay que decir que se trata de técnicas muy complejas en las que interviene un neurofisiólogo, un neurocirujano y un neurólogo junto al psiquiatra. Se utiliza una guía estereotáxica especial, que como un GPS (Sistema de Posicionamiento Global), y con un micro electrodo, pueden alcanzar los núcleos de la base del cerebro –previa perforación del cráneo- y medir la actividad eléctrica de las neuronas que están en esos núcleos. Para esta intervención se requiere la ayuda de las técnicas de imagen de Resonancia Magnética (RM) y Tomografía Computarizada (TC). Los pacientes son seleccionados previamente. Se tratan cuadros de depresión severa y refractaria a otros tratamientos y Trastornos Obsesivos Compulsivos que producen una gran limitación a la vida de los pacientes. Llama la atención que uno de los criterios de exclusión del tratamiento son las psicosis y las lesiones cerebrales orgánicas. Es decir, que si la selección de los pacientes es correcta, estas intervenciones con potenciales riesgos y efectos secundarios, se restringen a las clásicamente llamadas neurosis.El jefe de Servicio de Neurocirugía del Hospital San Pablo de Barcelona, Joan Molet dice en uno de los artículos: “Son pacientes en cuyo abordaje previo los psiquiatras habían agotado todo tipo de terapéutica, ya que algunos eran susceptibles de electrochoque semanal y otros ni con ese tratamiento obtenían ya beneficio.1 Curiosamente se plantea como uno de los problemas de la técnica, según el doctor Molet, que “es necesario que haya series clínicas de los distintos núcleos para ver con cuál se consigue ser más eficaz –mayor mejoría en mayor número de pacientes- y eficiente –con menor consumo de energía-. Uno de los problemas es que los voltajes son relativamente altos y por tanto el consumo de la batería es bastante rápido”. Es decir, con las avanzadas técnicas de la neurocirugía a las baterías les pasa lo que a los móviles: se descargan demasiado rápido. El problema está en que las baterías se instalan en un implante subcutáneo en el tórax y el recambio supone una nueva intervención quirúrgica. Los neuroestimuladores cerebrales se han utilizado desde hace años para las enfermedades degenerativas de origen orgánico como la enfermedad de Parkinson y están en experimentación en otras patologías neurológicas. Como se parte de la hipótesis de considerar la psicopatología como una alteración orgánica del cerebro se experimentan las mismas técnicas. La primera pregunta que podemos hacernos es ¿cómo es posible que en el siglo XXI se continúen utilizando estos procedimientos y que se sigan haciendo en nombre de la ciencia? En primer lugar, porque se trata de una simple experimentación cuya eficacia no ha sido comprobada ni en las ratas de laboratorio. Hasta la fecha no se ha conseguido pasar a las ratas los test que diagnostican la depresión severa o el Trastorno Obsesivo Compulsivo. En segundo lugar, porque nos muestran de una manera descarnada la desaparición de la clínica y sus consecuencias. El cuerpo se convierte de esta forma en un objeto de manipulación en el que las descargas de los neuroestimuladores son las nuevas formas, más sofisticadas, de las antiguas técnicas de electrochoque que ya fueron abandonadas, aunque todavía siguen utilizándose en algunos casos. Tal y como señala Javier Peteiro en su libro El Autoritarismo Científico “si uno no se siente feliz es que algo falla en su organismo”.2 El paso siguiente, en la lógica de la pseudociencia, es intervenir directamente sobre lo real del organismo. 

A la búsqueda del gen “mutante”
Recientemente se ha publicado una entrevista realizada a la doctora Judith Rapoport, psiquiatra infantil de la sección de neurociencia del Instituto Nacional de Salud estadounidense.3En esta entrevista, ella habla de los estudios de genómica en los que participa, y dice: “lo más interesante que hemos visto es que hay una mutación que está relacionada con todo; con la ansiedad, la depresión, la esquizofrenia o el autismo. Así que la amniocentesis permitiría detectar estas dolencias. El Baylor College está desarrollando un biochip para detectar esa y otras mutaciones”. Más adelante dice: “Quizá haya problemas en los países católicos, pero una amniocentesis podría evitar un 40% de los casos de autismo. Igual que se hace con el síndrome de Down, la mujer podría abortar si se le encuentran los genes”. Sin embargo aclara: “la mutación de la que hablo es una muy concreta que está relacionada con un montón de trastornos. No es exacta, pero puede implicar un porcentaje de tener un niño con autismo, otro que tenga depresión, otro que sea esquizofrénico”. Ella se atreve, en la entrevista, a dar una opinión como mujer y sin dudar dice que abortaría. En la misma entrevista, esta experta, que fue invitada a Madrid por la Fundación Alicia Koplowitz, aclara que pese a todo lo que se sabe de los factores genéticos de los trastornos mentales “no hay que olvidar los factores ambientales”.La Dra. Rapoport tiene un ejemplo al respecto. “Había una tribu india que tenía muchos problemas de comportamiento. Les dieron permiso para explotar un casino, y las mujeres pudieron dejar uno de sus dos trabajos y dedicar más tiempo a sus hijos. El resultado fue que esos problemas cayeron drásticamente. En cambio no lo hicieron los casos de ansiedad”. El despropósito de las declaraciones de Rapoport se evidencia en sus mismas contradicciones. En primer lugar, dice que la mutación genética es la base de múltiples trastornos mentales en los niños, en los que pone en el mismo lugar a las neurosis o las psicosis y el autismo. Si los estudios genéticos realizados hasta ahora no han encontrado ninguna asociación causal con ninguna enfermedad mental en concreto, parece que la evidencia se inclina hacia un conjunto de enfermedades mentales. Este procedimiento de asociación causal es totalmente ajeno a cualquier procedimiento científico de rigor. Es como si dijéramos que hemos encontrado una asociación de una mutación genética con las mujeres que llevan tacón en los zapatos. Es como decir que hay una probabilidad alta, cercana al 40 %, de que si hay una mutación genética se llevarán tacones altos y que la amniocentesis podría evitarlo. Es un absurdo sumamente peligroso que plantea innumerable problemas de toda índole para la civilización, sobre todo cuando esto se dice en nombre de la ciencia. En la misma entrevista se afirma que los factores ambientales son muy importantes, lo que supone que ella misma desmonta toda su argumentación anterior acerca de la conveniencia de que a través de un biochip se determinen los factores de riesgo para una enfermedad mental.Para un niño que nace con una alteración cromosómica con síndrome de Down los factores ambientales influirán en los cuidados de la enfermedad, pero el diagnóstico de la misma nunca dependerá de los factores ambientales. Esa es la diferencia entre cuando existe una determinación genética que establece una causalidad para una enfermedad a cuando no la hay.Como podemos observar la pulsión de muerte sobrevuela y acompaña estas experimentaciones a pesar de que se presenten con la lógica del beneficio y el bien de la humanidad. ¿Cómo explicar este curso peligroso para la civilización?

El paradigma del cuerpo-máquina
La ciencia moderna supone el nacimiento de una nueva posición ética ante el saber, pues la escolástica será sustituida por el positivismo. La negación de la teoría de los humores y los progresos en la anatomía, la fisiología y la bacteriología, han supuesto un poderoso avance en la medicina que tiene efectos claramente beneficiosos. Pero este colosal desarrollo se realiza incluyendo un problema: la exclusión de la subjetividad del paciente. El sueño cartesiano de volvernos los dueños de la naturaleza, de la naturaleza exterior por la “mecánica” y de la naturaleza de nuestro cuerpo por la medicina tiene consecuencias muy significativas cuando se trata de la subjetividad del ser humano.En el corpus hippocraticum, origen de la medicina moderna occidental, concretamente en el libro De la enfermedad sagrada, ya se sostiene la idea de que es el cerebro la sede de las funciones anímicas superiores y el intérprete de la conciencia a partir de las percepciones sensoriales que le llegan. Los médicos griegos tenían la idea de que lo anímico afecta al cuerpo, pero a efectos prácticos el médico no se plantea su intervención sino a través de lo corporal, separándolo radicalmente de lo mental. Posteriormente se introduce el paradigma, vigente en la práctica de la medicina, del cuerpo como una máquina. Este concepto triunfa a partir del siglo xvii con Galileo, Descartes o Hobbes y pretende dar cuenta del funcionamiento y las disfunciones orgánicas sobre el modelo de la reparación de una máquina, como un reloj que depende de la fuerza, de la situación y de la figura de sus contrapesos. Para la medicina esta doctrina ha supuesto la consideración del cuerpo como una suma de órganos y aparatos cuyo funcionamiento puede explicarse a partir del modelo mecanicista de las máquinas. Es decir, no se trata de decir que el cuerpo es una máquina, sino de concebirlo y explicarlo como si lo fuera. Lo que plantea Lacan, en el texto de Psicoanálisis y medicina del año 1966, es que en la historia de la humanidad hay un corte radical que se define con la aparición en el siglo xvi del discurso de la ciencia. Todas las teorías anteriores, las míticas, las cosmogónicas, las religiosas… eran las construcciones simbólicas en las que el ser humano se apoyaba en su existencia para tratar de encontrar una representación simbólica a los grandes problemas de la existencia y la sexualidad. Los hombres construyen mitos que durante mucho tiempo fueron un modo eficaz de adaptar el cuerpo al entorno. Lacan sitúa el corte en la separación que hace René Descartes entre el cuerpo y la apariencia, entre lo que llama el pensamiento o la res cogitans y la extensión o res extensa. Lo que se desarrolla en el discurso del método es una separación entre el cuerpo y el pensamiento. Esto supone el corte fundamental para Lacan.4Con el desarrollo de la biología molecular y otros avances científicos se produce una vuelta de tuerca más: la ciencia pretende intervenir sobre lo real de la vida y del organismo. Puede operar desde el saber sobre lo real de la vida, se puede clonar una vida humana y no tardaremos mucho tiempo en verlo, se puede seleccionar genéticamente la filiación, se abre la posibilidad de que la fantasía de configuración de un ser humano sin falla, sin la falta, pueda ser llevada a cabo.Tal y como dice Eric Laurent, “un sueño en el cual podríamos considerarnos como máquinas con un funcionamiento asegurado, y si falla se podrían cambiar las piezas sueltas, de manera tal que pudiera funcionar de nuevo de manera normal, asegurándose una presencia normativizada en el mundo como tal. Eso es un sueño cientificista”.5 Lacan tradujo esto diciendo que el advenimiento de la ciencia está acompañado de la forclusión del sujeto. El sujeto del psicoanálisis es lo que queda, es el resto que escapa a la representación de las fórmulas y las pequeñas letras de la ciencia. La ciencia hace permanentemente un esfuerzo de reducción para evitar la aparición del sujeto, esa fuente de error que siempre se manifiesta en la experimentación. La ciencia intenta reducir al grado cero la falla y el sujeto es aquello que se sostiene en la falla y el error. Por esta razón, Freud inventa el psicoanálisis rescatando al sujeto en esa fuente de error por la vía del lapsus, el sueño o el acto fallido. El psicoanálisis surge en el momento en que la medicina es tomada por la ciencia: “La teoría psicoanalítica, que llega a tiempo y no ciertamente por casualidad, en el momento de entrada en juego de la ciencia, con ese ligero avance que es siempre característico de las invenciones de Freud”.6 Si Lacan intenta ubicar el estatuto del sujeto en La Ciencia y la verdad, clase introductoria a su Seminario El objeto en psicoanálisis, planteando que la ciencia y el psicoanálisis trabajan con el mismo sujeto, es para indicar que la ciencia se empeña en erradicarlo, mientras que el psicoanálisis lo intenta escuchar para que en su aparición evanescente algo pueda abrirse.La medicina operaba en la época pre-científica con las palabras y de esto tenemos testimonios en los clásicos. La función del médico consistía en dar una cierta significación a la enfermedad. El paciente iba a ver al médico para ser curado, pero en la medida en que las herramientas terapéuticas eran muy escasas, también pedía ser escuchado y que le dieran un cierto sentido a la enfermedad. Se trata de la función del médico como exégeta, función que se ha ido perdiendo en el proceso de deshumanización en la atención a los pacientes y la enfermedad.En la actualidad, la creciente hegemonía de las corrientes más biologicistas ha apartado de la práctica clínica la consideración del sujeto que habla y ha retornado a las teorías según las cuales los síntomas pueden ser explicados a partir de las alteraciones que se producen en los neurotransmisores cerebrales y los sistemas neuro-hormonales y endocrinos que los regulan. Casi todo se podría explicar por los diferentes niveles de serotonina o dopamina, las mutaciones genéticas o los déficits y excitaciones que se producen en el órgano de los órganos: el cerebro. Se confunde de esta manera lo que es el órgano del cerebro y sus mecanismos con su función en relación a lo mental. Se excluye así un estatuto singular y particular para cada sujeto, que supone que la actividad anímica está articulada a las experiencias y vicisitudes particulares de la vida de cada uno. Este reduccionismo biologicista impide comprender la relación que puede existir entre las perturbaciones corporales y las anímicas y conduce los tratamientos a un callejón sin salida o peor aún a propuestas del lado de la pulsión de muerte, tal y como formula la doctora Rapoport.Estas experimentaciones en curso, como las expuestas anteriormente, suponen una vuelta de tuerca más en las consecuencias que las pseudociencias o falsas ciencias pueden provocar en el ser humano. Cuando el fármaco fracasa, y esto ocurre con mucha frecuencia, se trata de intervenir directamente sobre lo real del organismo. Entonces el ser humano se convierte en la metáfora de la rata.

 


EL AUTOR
Santiago Castellanos 
Psicoanalista y médico de atención primaria en Madrid. Miembro de la ELP y AMP
Email: scastellanosmarcos@hotmail.com

Referencias
1 Diario Médico, Unidad Editorial, Revistas, Madrid, 01/12/2010.
2 J. Peteiro, El autoritarismo científico. Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2010. 
3 Diario Médico,  Unidad Editorial, Revistas, Madrid, 21/10/2010. 
4 V. Palomera, “Psicoanálisis y Medicina”. Amor, cuerpo y locura. Conferencia dictada en la Universidad Nacional de Córdoba (07/04/2005). Centro de Investigación y Estudios Clínicos. 2005. 
5 E. Laurent, “Los órganos del cuerpo en la perspectiva psicoanalítica”, El Caldero de la Escuela Nº 4, Buenos Aires, 2008. 
6 J. Lacan, “Psicoanálisis y Medicina”, Intervenciones y Textos I. Manantial, Buenos Aires, 1993, pg. 95.

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