El engaño del amo moderno*

Textos: Ana Castaño Romero

 

“Todo discurso se presenta como rico en consecuencias, pero oscuras. En principio, nada de lo que decimos deja de acarrearlas. Sin embargo no sabemos cuáles”.J. Lacan, “De un Otro al otro”.


dossier2.jpgPolítica Sanitaria
Como es bien sabido uno de los pilares del Estado de Bienestar se asienta en la política sanitaria, por su incidencia directa en el progreso de un país y en la organización socio-económica del mismo. En un estado moderno el objetivo sería su universalidad, llegando a constituirse en un derecho la lógica del para todos, lo que supone un primer escollo a la particularidad, la lógica del no todo. La sanidad como derecho universal debe articularse a la particularidad del síntoma.El autoritarismo científico y el auge de la técnica de las últimas décadas aparecen como perfectos aliados de esta lógica Universal permitiendo la barbarie sobre el sujeto, su exclusión, segregación, inclusive su desecho.La salud mental “no existe” porque no tiene en cuenta la división subjetiva, la falta en ser, y se trata más bien de un asunto del orden público que se orienta en sus intervenciones para normativizar al sujeto y mantener el orden establecido.En aras de este bien común que se torna un ideal a alcanzar, se están empezando a manifestar consecuencias devastadoras tanto en la clínica actual como en el modo de orientar una cura con el desarrollo de guías para la buena práctica. Jean-Claude Milner muestra muy bien en su libro La política de las cosas1 que la consigna de la evaluación es una homonimia embustera, bajo la cual se produce una objetalización de las enfermedades del alma. En esta época de la aldea global es fácil que el sujeto se deslice al lugar del objeto.He comenzado con esta breve reflexión pues aunque sabemos que la salud mental no existe, sí existen las políticas que autorizan el uso de procedimientos alienantes que nos van llevando de soslayo, casi sin darnos cuenta, a un giro que puede ser sin retorno. En este preciso momento esto concierne de modo especialmente acuciante al psicoanálisis y a los psicoanalistas que trabajamos en las instituciones. 

La “libre elección”
Hace unos meses fui convocada, por el puesto que ocupo en la institución pública, a una reunión con el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid para conocer el nuevo modelo de gestión sanitaria. Este modelo denominado “El Área única y la libre elección” fue presentado, en palabras textuales, como un “cambio de paradigma, en el que el paciente ocupa el centro del sistema, referente y brújula que orienta la política, homogeneizando y racionalizando pruebas diagnósticas, recursos asistenciales, personas, con el fin de ofertar calidad y equidad para todos por igual”.En una primera lectura, este nuevo paradigma se presenta como una mejora para el ciudadano, el protagonista que “puede elegir”. Pero, ¿qué quiere decir “elegir”?. El método es el siguiente: el médico del centro de salud o bien alguien a petición propia quiere ser atendido en los servicios de Salud Mental. Su demanda es derivada a un Centro de multi-cita, una especie de Call Center, en donde gestionan su cita ofreciéndole el primer hueco libre, con el profesional que sea y en el lugar que sea. Uno tiene que empeñarse mucho para ser atendido por quien desea y se le penaliza con una larga espera. El ciudadano, por sorprendente que parezca, queda satisfecho creyendo haber elegido, cuando más bien es él quien ha sido elegido para la cifra y la contabilidad del amo, pues así disminuyen las listas de espera y el engaño está servido.Este modelo, en funcionamiento desde diciembre del pasado año, lleva implícito un cambio muy grave en el modo de hacer de los profesionales: agendas electrónicas con visibilidad desde cualquier punto de la red, visibilidad que alcanza a los curriculums de los profesionales que van a aparecer en internet y la tendencia a la superespecialización con expertos en monosíntomas, cuya acreditación ha de ser validada por organismos garantizados por el Estado. Se fomentan así “vínculos líquidos” frente a la transferencia, al sujeto supuesto saber. Mejor no pensemos, no preguntemos y que el experto resuelva y extirpe el síntoma. Hay en la condición humana cierta tendencia a la servidumbre, como nos recuerda Freud, “más que un animal gregario, es el hombre un animal de horda; esto es, un elemento constitutivo de una horda conducida por un jefe”2 siendo del orden de lo subversivo sostener un deseo de saber sobre sí y hacerse responsable del mismo. Aunque se destierre al psicoanálisis por caduco desde lo que se pretende ciencia, el hombre seguirá padeciendo de sus síntomas porque se padece del Otro: “Tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles”3. 

Una experiencia particular
A pesar de los obstáculos que he relatado y contando con la imposibilidad de partida de estar bajo la égida del Amo, mi apuesta personal desde hace años es la de hacer existir el psicoanálisis aplicado en el seno de la institución de salud mental. Mi experiencia es muy particular porque cuento con varias circunstancias que me son favorables: dirijo y gestiono el equipo de Salud Mental de Moratalaz-Vicálvaro; mi pertenencia a la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis que me sostiene en esta tarea tan compleja y mi análisis personal. Estas circunstancias me han permitido ir orientando mi práctica hacia una posible alianza entre el psicoanálisis puro y el aplicado, a lo que se suma mi participación en el CPCT de Madrid.En un primer tiempo de esta experiencia la pregunta inicial giraba en torno a las condiciones de posibilidad cuando uno, a diferencia de la institución analítica, está en una institución regida por la lógica del para todos y su estatuto laboral es el de su profesión y no el de psicoanalista. Ante esta perspectiva es indispensable que el lugar del analista se sitúe de manera éxtima, descompletando esta lógica. Es decir, el profesional ha de separase, cada vez y caso por caso, del ideal institucional para hacer el pasaje de la ética del deber que compromete al trabajador a la ética del deseo que implica el acto analítico. Se trata de una posición sin ambages, no es posible ni se debe estar entre dos discursos.Las interferencias que suponen los protocolos como instrumentos de evaluación, la utilización de clasificaciones diagnósticas, el uso del fármaco -que bajo trasferencia tiene otra dimensión- no se pueden ignorar. Uno tiene que saber manejarse con esta realidad y conocerla bien, pero esto no impide que en la intimidad del encuentro, de puertas para adentro, haya lugar para el acto analítico con sus efectos. La administración, por ahora, nos deja hacer ya que nuestra práctica no contabiliza en sus cifras.¿Cómo incluirse en un discurso que no tiene en cuenta la subjetividad?. Los psicoanalistas trabajamos con lo que no es del dominio público al ser sus efectos sobre el sujeto. Para pensar un posible modo de inclusión recordé “La comunidad inconfesable” de Blanchot, “La comunidad de los que no tienen comunidad”, lo que tiene algunas resonancias con nuestro modo de estar en las instituciones. Lo que nos fundamenta es una particularidad, una política del síntoma, frente al todo de las clasificaciones y los grandes síndromes. Nuestra experiencia tiene algo, si no del orden de lo inconfesable, sí de lo indecible, por lo que nuestra comunidad en la institución podría ser una comunidad invisible a los intereses del Amo. Nuestra condición de existencia impone una ética y nuestro lugar en la institución podría asemejarse a lo que E. Trías define como “lo fronterizo”4, ese borde o bisagra donde los términos no se oponen, sino que tienen implicaciones y a la vez se diferencian. ¿Es posible encontrar un elemento que una y separe psicoanálisis y salud mental, lo íntimo y lo público?. Hace años este punto de encuentro fue la psicosis, pero hoy en día cuando prevalece el declive de la clínica, ya no interesa ni observar ni escuchar al paciente como nos enseñó la psicopatología clásica. Predominan los efectos segregativos como consecuencia de un pronto diagnóstico por ejes para aplicar un fármaco hecho a la medida que normativice al sujeto lo antes posible y el punto de encuentro se va tornando más que imposible.Desde la Salud Mental, al menos en Madrid, hay una clara hostilidad hacia el psicoanálisis de orientación lacaniana. Eso no impide que haya efectos de trasmisión y que se puedan desarrollar usos posibles del psicoanálisis aplicado en la institución, si uno está decidido a sostener lo que le causa: el deseo del analista en tanto interpreta y genera trasferencia al supuesto saber. J.A. Miller dice refiriéndose a la validez del psicoanálisis aplicado: “Que siga siendo psicoanálisis, que sea un asunto del psicoanálisis, que sea el psicoanálisis como tal en tanto que aplicado”5. Es por tanto el compromiso con el psicoanálisis la verdadera brújula que nos ha de orientar. 

Clínica, formación, investigación
En mi experiencia en la institución ha sido fundamental el desarrollo de diversas fórmulas para la trasmisión del psicoanálisis sostenido sobre tres pivotes que están entrelazados entre sí, en intensión y en extensión: la clínica, la formación y la investigación.En relación a la clínica, que no es sin ética, está el caso por caso donde uno da cuenta de lo que hace dentro y fuera de la Escuela, mediante la construcción de un caso que expone ante otros. En la cura de las psicosis, desencadenadas o no, es fundamental tener como referente el saber hacer del psicoanálisis ya que el destino del sujeto está en juego con la posibilidad de crear una invención. En el resto de síntomas lo más complejo es que el sujeto consienta a poner en juego su goce. Con frecuencia cuando se produce una rectificación subjetiva el paciente suele abandonar el dispositivo.Sin embargo, en ocasiones se producen encuentros que van más allá de la rectificación subjetiva. Como ejemplo veamos un pequeño fragmento clínico que muestra que es posible el trabajo del inconsciente en la institución pública y precisamente cuando la paciente sería dada de alta del sistema por “mejora de su síntoma disruptivo”, comienza a desplegar su fantasma para apuntar al goce puesto en juego. Desde hace años trato a una mujer cuyo primer síntoma era un importante nivel de ansiedad que le llevaba a discutir con su marido por cuestiones relacionadas con su única hija; al señalarle su uso constante del “nos”, su relato dio un giro sorprendente para comenzar a hablar de lo más propio, “su plus de raza”. Es judía polaca, víctima del holocausto, y como ella dice su condición judía y lo excepcional de la raza la han llevado a estar fijada en un goce por las causas perdidas que la enreda cada tanto con consecuencias sintomáticas, que ahora empieza a vislumbrar.En la institución en la que trabajo en muchas ocasiones es imprescindible el trabajo en red con otros dispositivos sanitarios, educativos, sociales, laborales y judiciales. Se está en contacto directo con lo social y hay demandas que suponen tomar decisiones sobre la vida de un sujeto. El analista puede desarrollar la práctica entre varios y sostener lo que Di Ciaccia llama “el Uno del vacío”6 para que cada integrante se relacione desde su particularidad con ese vacío y se produzca un saber hacer con un caso entre varios.Una de las dificultades que se generan en un servicio público es la presión asistencial por un aumento progresivo de la demanda. Esta presión constituye una auténtica espada de Damocles sobre la práctica en una época donde a falta de relatos, proliferan las insignias y las marcas que homogenizan y nombran el ser, como la anorexia, la toxicomanía, el trastorno de la personalidad, la hiperactividad, el malestar laboral o la fibromialgia, y donde las asociaciones de usuarios también empujan a la intervención. Una manera para maniobrar en este terreno, pasa en parte por la apuesta por los grupos mono-sintomáticos, en los que se puede trabajar sobre los efectos de sujeto más allá del síntoma que procura una identidad.7La docencia es un pivote relevante para trasmitir lo que llamo una pragmática del psicoanálisis aplicado y acercar el psicoanálisis en toda su dimensión. Desde hace cinco años realizamos un taller de supervisión de casos, acreditado por el organismo correspondiente, en donde uno de los participantes, no necesariamente en formación analítica, expone su caso y algún miembro de la sede local de la ELP o docente del Nucep supervisa el caso, siendo un modo muy interesante de procurar una trasmisión en acto y con efectos de formación también para los analistas que participamos en esta experiencia pública. Recientemente se han iniciado presentaciones de enfermos, al menos una, como una experiencia piloto siendo la novedad que el paciente no está recluido en una institución cerrada si no en su medio habitual, su barrio, lo que complejiza un poco más la selección y por tanto la frecuencia. Organizamos varios cursos, no sin esfuerzo para ser autorizados, para dar a conocer una perspectiva analítica del síntoma; también conversaciones clínicas y un módulo de psicoanálisis de orientación lacaniana en la docencia postgrado del Hospital General Universitario de referencia, una auténtica hazaña por ser éste un claro representante del neopositivismo científico y la medicina basada en la evidencia.El Servicio que dirijo se ha ido convirtiendo con el paso de los años y tras ir sorteando diversos escollos, algunos muy duros, en “un nido de lacanianos”, como les gusta nombrarnos a aquellos que rechazan el saber inconsciente, desconociendo el efecto que esto ha ido produciendo, pues se nos conoce por una manera de hacer y los futuros psiquiatras y psicólogos en formación acuden a sus rotaciones movidos por un interés previo hacia el psicoanálisis. Efectivamente “somos una mancha en la institución”, puede que sea la mejor manera de estar, pero no olvidemos que las manchas se pueden extender pausadamente, sin mucho ruido.En lo relativo a la investigación está el engarce con la Escuela mediante un grupo de investigación asociado al Nucep sobre psicoanálisis aplicado a la salud mental donde tratamos de ir dilucidando cuestiones más epistémicas de nuestra práctica institucional.Vivimos en la época del exceso de goce, del “ascenso al cenit del objeto a”, propio del discurso capitalista que en su circularidad nos alcanza con sus contradicciones y los engaños del semblante: “El ciudadano actual se define por ser un artificio, que junto con otros, se reúne, se prepara y no habla de otra cosa que de evitar que el mal llegue como un exterior difuso y sin rostro que está siempre a punto de arribar”8. Cada vez es más difícil mantener una creencia en el síntoma en tanto nos implica como sujetos y las consecuencias se van manifestando en la clínica institucional con un aumento de las patologías del acto, desabonadas del inconsciente, o de aquello que no tiene cabida en ningún lugar, coartada perfecta para que el amo intervenga cada vez más estableciendo un orden casi policial. La salud mental, que surgió con un espíritu democrático para liberar a la locura de sus cadenas, es ahora cómplice irremediable de esta política, aunque pretenda ignorarlo con su apelación a los métodos sustentados en el progreso de la ciencia y la técnica.Como decía al inicio, por lo que muestra nuestra práctica y nuestra orientación, estamos en condiciones de desvelar esta pantomima de una salud mental disfrazada de ciencia, de cuyas consecuencias estamos advertidos.

 


 

LA AUTORA
Ana Castaño.
A.P. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Directora del CSM de Moratalaz-Vicálvaro.
Email: anakapicua@hotmail.com

Referencias
1 J.C. Milner, La política de las cosas, Ed.Miguel Gómez.
2 S. Freud, Psicología de las masas y análisis del Yo, Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, Tomo VII, pg 2596.
3 S.Freud, El malestar en la cultura, Obras completas, Biblioteca Nueva, Tomo VIII, pg. 3024.
4 E. Trias, Ética y condición humana, Ed. Península.
5 J. A. Miller, Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia, Freudiana nº 32
6 A. Di Ciaccia, De la fundación por uno a la práctica entre varios, Cuadernos de Psicoanálisis nº 28.
7 M. Recalcati, Lo homogéneo y su reverso, Ed. Miguel Gómez.
8 J. Alemán, Lacan, la política en cuestión, Ed. Grama, 2010, pg. 41.

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