La mirada en Lacan y Sartre*

Por Sagrario Sánchez de Castro

“Si hay un otro, quienquiera que fuere, donde quiera que esté, cualesquiera que fueren sus relaciones conmigo, sin que actúe siquiera sobre mí sino por el puro surgimiento de su ser, tengo un afuera, tengo una naturaleza; mi caída original es la existencia del otro”.J.P. Sartre. El ser y la nada.

El otro interior (...), ese otro que me agita en el seno de mi mismo (...), la extimidad mayor del objeto a (...), éxtima la mirada. J.A. Miller. Extimidad

 “El objeto misterioso, el objeto más escondido, el de la pulsión escópica”.J. Lacan. Seminario 11

“Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos”.Miguel Hernández

 

Lacan cita a Jean-Paul Sartre como el autor que ha descrito el juego de la intersubjetividad y de la fenomenología de la aprehensión del otro de un modo magistral. Por ello, recomienda la lectura de El ser y la nada y considera la misma esencial para todo analista: “Esta es una obra que, desde el punto de vista filosófico, puede ser objeto de muchas críticas; pero indudablemente alcanza en esta descripción, aunque sólo fuese por su talento y brío, un momento especialmente convincente”.1
En El ser y la nada, dentro del capítulo dedicado a ‘La existencia del prójimo’, Sartre hace girar su análisis en torno al fenómeno de la mirada. Lacan lo cita en los Seminarios 1 y 11. En concreto, en el Seminario 1, el análisis sartriano se refiere a los temas que hacen a la emergencia del objeto humano en relación a los fenómenos de la vergüenza, el pudor, el prestigio y el miedo engendrados por la mirada. En el Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, la mirada adquiere una especial relevancia; Lacan le reserva cuatro capítulos, y vuelve a citar a Sartre diciendo que su demostración en torno a la mirada es uno de los pasajes más brillantes de El ser y la nada.En el presente escrito se trata de desarrollar las citas de Lacan, utilizando algunos de los ejemplos que Sartre expone en El ser y la nada, e implicar a las mismas, sin tener en cuenta el orden lineal de aparición en los respectivos textos de Sartre y Lacan. Primer ejemplo “Estoy en una plaza pública (...) a cada instante el prójimo me mira”2El primer ejemplo que se resume comienza diciendo: “Estoy en una plaza pública”. Sartre relata sus ejemplos en primera persona, en este artículo se seguirá esta misma línea de exposición para una más fácil comprensión del texto. Por tanto, “estoy en una plaza pública, veo césped, unos asientos y a un hombre que pasa cerca de ellos. Conjeturo que es un hombre aunque, a esta distancia, podría ser un muñeco o un robot; pero eso no es probable”. Los términos de probabilidad y distancia son importantes en el análisis de Sartre, como veremos más adelante.Puedo establecer una relación aditiva con esos objetos; así puedo sumar el césped, más los bancos, más el hombre.Pero ese hombre, en una conversión radical que lo hace escapar de la objetividad, desaparecerá como objeto y yo lo captaré como persona. “La esencia de esta percepción, dice Sartre, debe referirse a una relación primera de mi conciencia con la del prójimo”.3Percibirlo como persona, en vez de como el objeto que apareció en un primer momento, suprime la relación de adición que había establecido con el césped y los bancos. Ya no puedo sumar a ese hombre con el resto de los objetos y me encuentro en una organización sin distancia. Sartre hace hincapié en el concepto de distancia, la mirada ajena niega las distancias propias del sujeto y desenvuelve sus propias distancias, equivale a una presencia sin distancia, de tal modo, que el sujeto experimenta la presencia sin distancia del prójimo.Se despliega desde el otro “una espacialidad que no es mi espacialidad, pues en vez de ser una agrupación hacia mí de los objetos, se trata de una orientación que me huye (....) todo un espacio íntegro se agrupa en torno al prójimo y este espacio está hecho con mi espacio”.4 Por tanto, la aparición de un hombre en mi universo supone la desintegración de mi universo, la desintegración de las relaciones que yo he aprendido entre los objetos de mi universo.¿Cuál es esa relación primera de mi conciencia con el prójimo a la que nos hemos referido antes? ¿En qué consiste la presencia originaria de prójimo? Según Sartre el objeto humano no es asimilable a ningún otro objeto perceptible, en tanto es un objeto que me mira. La mirada del prójimo cambia las perspectivas de mi mundo, las reordena. Si el prójimo “ve lo que yo veo, mi conexión fundamental con el prójimo-sujeto ha de poder reducirse a mi posibilidad permanente de ser visto por él (...) el “ser- visto- por- otro” es la verdad del “ver- al- otro”.5Y Sartre resume: “La relación originaria entre mí y el prójimo no es solo una verdad ausente apuntada a través de la presencia concreta de un objeto en mi universo, es también una relación concreta y cotidiana de que hago experiencia a cada instante: a cada instante el prójimo me mira”.5 Segundo ejemploLa mirada no es el ojo. El ojo es solo la manifestación de la mirada. El roce de unas ramas a nuestro paso, una ventana que se entreabre, el leve movimiento de unas cortinas, son ejemplos que cita Sartre como signos que indican, del mismo modo que los ojos, la presencia de la mirada. Por sí solos son ya ojos, pues basta con que esas circunstancias me signifiquen que algún otro puede estar allí. Pero esto no ha de confundirse en absoluto con la visión. Puedo sentirme mirado por alguien cuyos ojos, incluso cuya apariencia, ni siquiera veo. Captar una mirada es tomar conciencia de ser mirado. “Lo que capto inmediatamente cuando oigo crujir las ramas tras de mí no es que hay alguien, sino que soy vulnerable, que tengo un cuerpo capaz de ser herido, que ocupo un lugar y que no puedo en ningún caso evadirme del espacio en que estoy sin defensa; en suma, que soy visto”.6Lacan interpreta este movimiento teórico de Sartre resumiéndolo en la siguiente frase: “No es una mirada vista, sino una mirada imaginada por mí en el campo del Otro (...) presencia del otro en tanto tal”.7 Tercer ejemploEl miedo.Supongamos que tengo la necesidad de esconderme, y he elegido para ello un rincón oscuro. Pero empiezo a dudar sobre la seguridad de mi escondite al pensar que el otro puede iluminar el rincón con su linterna. Esa posibilidad que acabo de captar está ahí, presente, aunque el otro esté ausente, y me provoca tal angustia que renuncio a ese escondite por considerarlo poco seguro. Es decir, la posibilidad de que me descubran la tengo presente, aunque no haya en la escena ningún otro.“Mis posibilidades son presentes a la conciencia irreflexiva en tanto que el otro me acecha (…) mi posibilidad de esconderme en el rincón se convierte en lo que el otro puede trascender hacia su posibilidad de identificarme, de desenmascararme, de aprehenderme”.8Sigamos con la escena anterior: de pronto, el otro aparece con un arma, o dispuesto a dar la voz de alarma. Lo que me ocurra a mí depende de la actitud del otro, de si está dispuesto a apretar o no el gatillo, o a dar o no la voz de alarma, por tanto, “me entero de mis posibilidades desde afuera, (…) y así, en la brusca sacudida que me agita cuando capto la mirada ajena, ocurre que vivo una sutil alienación de todas mis posibilidades que se ordenan lejos de mí, en medio del mundo, con los objetos del mundo”.9 Cuarto ejemploLa presencia originaria del otro.“He creído que otro estaba presente en la habitación, pero me he engañado: no estaba ahí; estaba ausente”.10 ¿Qué es la ausencia para Sartre? No se puede decir que un paquete de tabaco está ausente. Se podría decir que “está ahí” o que “no está ahí”. Sin embargo, si se puede decir que Pedro, que vive habitualmente en este apartamento, está ausente en estos momentos, aunque no se diría que el Aga-Khan está ausente del apartamento de Pedro. A partir de estos ejemplos, Sartre explica que sólo la realidad humana está en relación a los sitios, a los lugares, según sus propias posibilidades. Y define la ausencia como “un modo de ser de la realidad humana con relación a los lugares y sitios que ella misma ha determinado con su presencia”.11 La ausencia de alguien debe determinarse en relación a un sitio donde él mismo debería determinarse a estar. Pero ese sitio no está determinado por la ubicación ni por relaciones solitarias entre el propio sujeto y el lugar, sino por otras realidades humanas. El sujeto está ausente en relación a otros hombres. Sartre pone el siguiente ejemplo: “la ausencia es un modo de ser concreto de Pedro con relación a Teresa, que está en este mundo. Solo con relación a Teresa Pedro está ausente de este lugar (…) que Pedro es ausente con respecto a Teresa, es una manera particular de estar presente. La ausencia, en efecto, no tiene significación a menos que todas las relaciones entre Pedro y Teresa estén salvaguardadas: si la ama, es su marido, asegura su subsistencia, etc. En particular, la ausencia supone la conservación de la existencia concreta de Pedro: la muerte no es la ausencia. Por ello, la distancia de Pedro a Teresa nada cambia del hecho fundamental de su presencia recíproca (…) donde quiera que Pedro esté sentirá que existe para Teresa sin distancia: ella está a distancia de él en la medida en que ella lo aleja y despliega una distancia entre ambos, el mundo entero la separa de él”.11Según esto, cada uno de nosotros, haga lo que haga y dondequiera que vaya, no hace sino establecer y variar sus distancias con respecto al otro, se acerca o se aleja, toma rutas hacia el otro, de tal modo que “toda realidad humana está presente o ausente...(no por la presencia del prójimo-sujeto ante uno mismo, sino)... sobre el fondo de una presencia originaria con respecto a todo hombre viviente. Y esta presencia originaria no puede tener sentido sino como “ser-mirado” o como “ser-que-mira”.12 Quinto ejemploSoy mirado. La vergüenza me revela la mirada del otro.Imaginemos que por celos, por vicio, estoy mirando por el ojo de una cerradura y, de pronto, oigo pasos en el corredor: me miran.A partir de ese momento, según Sartre, el sujeto ya es algo distinto, en tanto se siente devenir en objeto para la mirada del otro. Como hemos visto, lo que nos mira nunca son ojos, sino una presencia del otro imaginada. La vergüenza que siente el sujeto le revela la mirada del prójimo y a él mismo en el extremo de esa mirada (algo que también vale para el orgullo). La vergüenza es el reconocimiento de que, efectivamente, el sujeto es ese objeto que otro mira y juzga. Por tanto, la vergüenza pura no es el sentimiento de ser alguien reprensible, sino de reconocerse en ese ser dependiente y degradado por el otro. “La vergüenza es el sentimiento de caída original, no de haber cometido una determinada falta sino, simplemente, de estar caído en el mundo, en medio de las cosas y de necesitar la mediación ajena para ser lo que soy. El pudor y, en particular, el temor de ser sorprendido en estado de desnudez, no son sino una especificación simbólica de la vergüenza original: el cuerpo significa en este caso nuestra objectidad sin defensa”.13
Para terminarEl sujeto que se sostiene en una función de deseo.Sartre afirma: “La experiencia de mí condición de hombre, objeto para todos los hombres vivientes, arrojado en la arena bajo millones de miradas y escapándome a mímismo millones de veces, la realizo concretamente con ocasión del surgimiento de un objeto en mi universo, si este objeto me indica que soy probablemente objeto en el momento actual a título de un estado diferenciado para una conciencia. Es el conjunto del fenómeno que llamamos mirada”.14Ahora bien, Lacan señala que no es suficiente lo dicho para saber lo que la mirada entraña, no basta la relación sujeto a sujeto, ni la función de la existencia del otro en tanto que me mira: “La mirada sólo se interpone en la medida misma en que el que se siente sorprendido por la misma, no es el sujeto anonadante correlativo del mundo de la objetividad, sino el sujeto que se sostiene en una función de deseo”.15Aquí comienza, lo que sin duda podemos denominar la crítica lacaniana a la función de la intersubjetividad en Sartre. Sartre, a pesar de que capta la experiencia de la mirada en su radical otredad, aún se mantiene en el espacio de la intersubjetividad. Este espacio todavía no reconoce en Sartre lo que para Lacan va a constituir la función éxtima del deseo. Ese Otro que me mira, se agita en mi interior y hace presente a la función del deseo, irreductible a la experiencia intersubjetiva.

 


LA AUTORA
Sagrario Sánchez
Psicoanalista en Madrid. Socia de la Sede de Madrid-ELP. 
Email: sagrariosch@gmail.com

Referencias
1 J. Lacan. Seminario 1. Paidós, Buenos Aires, 2007, pg. 313 
2 J.P. Sartre. El Ser y la nada. Losada, Buenos Aires, 1966, pg. 356 y 360
3 Ibid., pg. 355 
4 Ibid., pg. 357
5 Ibid., pg. 360 
6 Ibid., pg. 362
7 J. Lacan, Seminario 11. Paidós, Buenos Aires, 2008, pg. 25
8 J.P. Sartre. Op.cit., pg. 369
9 Ibíd., pg. 369 y 370
10 Ibid., pg. 386
11 Ibíd., pg. 387
12 Ibíd., pg. 389
13 Ibíd., pg. 401
14 Ibíd., pg. 391
15 J. Lacan. Seminario 11. Paidós, Buenos Aires, 2008, pg. 92

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