Actualidad del Pase*

Por Patrick Morinbot
*Conversación desarrollada en Madrid el viernes 26 de marzo de 2010 con la participación de Estela Paskvan

Del Diván a la Escuela (Texto inédito) Descargar archivo PDF

Patrick-Morinbot

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Pilar González: Nos encontramos en un momento de revitalización del Pase con propuestas que apuntan a renovar la transmisión y las enseñanzas que podemos extraer del mismo. Esta comisión ha introducido una novedad en el modo de intervención de los Analistas de la Escuela a quienes hemos invitado a participar. Le hemos hecho llegar a Patrick Monribot una serie de preguntas redactadas por los componentes de la comisión organizadora1, tras la lectura de los testimonios y trabajos que nos hizo llegar previamente2. Nos acompaña también Estela Paskvan, actual Más Uno del cártel del pase castellanohablante de la FEEP-ELP. Leeré las preguntas que le hicimos llegar por anticipado a Patrick Monribot y a continuación intervendrá él mismo. La primera serie son preguntas clínicas, la segunda serie aborda la dimensión política del pase:

  • “La extracción del objeto mirada del campo del Otro la describe como una secuencia en la que aparece como momento decisivo cuando usted la aloja en el analista, ¿fue suficiente constatar su goce voyeurista, según sus palabras, bajo una forma invertida y atribuida al analista para desalojarla? ¿fue necesario dar un paso más?”
  • “Usted habla de un sueño después de terminar su testimonio en el que el sillón del analista estaba vacío y no había nadie para mirarle. Podemos decir que ahí constata el vacío del objeto, ¿eso significa que antes no era tan evidente?”
  • “¿Podríamos decir que la mirada y el goce fetichizado con la mujer eran una forma de enmascarar la muerte?”
  • “Cuando usted afirma que hay un cambio en el uso de la mirada, orientada entonces hacia algo que usted construye bordeando lo real y responsabilizándose de eso, ¿podemos decir que esto sería su forma de luchar contra la pulsión de muerte?”
  • “Tras enunciar que no hay reducción al grado cero del fantasma, usted afirma que ya no busca colmar o completar al Otro. ¿Se puede deducir que la mirada le sigue dividiendo después del final de su análisis?”
  • “Me gustaría que aportase algo más sobre la utilización del nuevo uso de la mirada. Usted dice como bisagra del pasaje de analizante a analista. ¿Cómo se vio afectada su práctica clínica y qué cambió al respecto?”

Patrick Monribot: Gracias por vuestra invitación. Ustedes han formulado muchas preguntas respecto a la función de la mirada en mi propia cura, voy a precisar la extracción del objeto en la cura. Es un recorrido en el que hay muchos momentos relevantes que voy a resumir.

La extracción de la mirada
En un lugar público, el analista me mira sin verme, como a través de un cristal. Yo me enfadé mucho, pero con ese acto, el analista hizo funcionar en la transferencia lo que Lacan llama la schizia -es decir, la fractura- entre visión y mirada.
Poco tiempo después, se produce el episodio con un espejo en la sala de espera del analista. Les recuerdo de qué se trata: yo me imagino que detrás del espejo, el analista viene a espiar al analizante. Es un acting out por mi parte, estamos en la clínica de la pulsión. Entonces desmonto el espejo para ver lo que hay detrás. Resultado de mi investigación: me encuentro con una pared y nada más; un alivio y una decepción. En ese acting hay una tentativa de mostrar al analista el objeto a que alimenta, que abastece mi goce pulsional: la mirada. También este acting muestra que, por mi parte, la mirada está bien alojada en el campo del Otro bajo la forma del analista, tal como lo había hecho en mi neurosis infantil con la madre-figura primitiva del Otro. El analista entonces, usaría la mirada según mi fantasma, de forma perversa, es decir voyeurista. En realidad, el desmontar el espejo me interpretó: así muestro que se trataba de mi propio fantasma voyeurista que proyectaba en el analista.
Quería identificar y confirmar la posición del objeto a en el campo del Otro. Esa operación de atribución es una raíz importante de la transferencia: la raíz pulsional.Con esa lógica pulsional, se trataba de “verse verse” como dice Lacan en el Seminario XI respecto a la mirada. Pero, como añade él, es una ilusión, “en la que se elide la mirada”, ya que ella “se especifica como inasible” (Pág. 90). Ese momento de la cura fue una manera de cernir el objeto en la transferencia.
La extracción no fue resultado de un único acto, fue la consecuencia de una serie de actos. En efecto, a partir de ese momento, la mirada invade el dispositivo analítico. Por ejemplo, cada vez que la mirada infiltraba mi discurso, el analista se levantaba y se ponía delante de mí, cara a cara, para verme –“sus ojos fijos en los míos”. Tiempo atrás, en el lugar público me había mirado sin verme, ahora me veía sin mirarme.
Otro ejemplo: cada vez que quería concluir el análisis él me respondía: “Usted verá, eso no es asunto mío”. “No es asunto mío” en francés, se dice literalmente “eso no me mira”, “ça ne me regarde pas”.Podemos decir que cada interpretación, cada acto excavaron el hueco en el Otro. Lo supe por dos indicios: Primero. Una vez, en la sala de espera, en una revista de arte contemporáneo, vi un sexo de mujer de gran tamaño. Me acordé de la escena en la que, muy joven, no veo nada bajo de las faldas de mi madre sino una mancha negra que me mira y en ese momento recibí una gran bofetada de ella. Durante la sesión hablé de esa foto no tanto como de una mancha sino como de un agujero. A partir del recuerdo del episodio infantil con mi madre, se presentó una lógica de lo que pasó en la neurosis y en la cura, como si pudiera ver esa lógica desfilar. Pensé que había un hilo lógico a partir del agujero negro en el sexo femenino y no a partir de la mancha negra. No es lo mismo. La mancha que me mira venía a cubrir y a enmascarar el agujero. Se impuso el eje de la neurosis como desmentido frente al agujero de la castración.

El vacío
Segundo. Después del fin de la cura y después del testimonio con los pasadores, tuve el sueño de una sesión con el sillón vacío detrás de mí. Hice dos interpretaciones: primero, hay un agujero allí donde antes yo suponía la consistencia de una mirada. En efecto, sabemos que tumbar al analizante sustrae al analista del campo visual y hace consistir la mirada tanto más cuanto que él se mantiene silencioso; segundo, el Otro ya no existe en tanto que Otro del goce, su lugar está vacío.
Es un sueño que confirmaba y resumía de forma alegórica lo que sabía desde hacía un tiempo. Pero un sueño como ese no podía producirse de manera tan clara sino después del proceso del pase: es un punto de capitón que se hace después, après-coup.

La mirada y la muerte
Por otro lado, la mirada ciertamente era una forma de enmascarar la muerte. Por ejemplo, cuando sueño el encuentro con un niño muerto -mi propio cadáver cuando yo era joven-, esa misma noche tengo el sueño de la mirada en la televisión de una mujer que goza… Podemos decir que allí donde el significado desarrollado en la cura tiene un efecto mortificante en el cuerpo, allí donde la novela familiar evoca los recuerdos de las “desgracias del ser” de la infancia, con el riesgo de morir de enfermedad, etc., el objeto plus de goce reintroduce un poco de vida, bajo la forma del goce pulsional. Ciertamente. Pero el objeto mirada es sobre todo un desmentido frente a la castración, frente a la inexistencia de La mujer y frente a la no-relación sexual.
En esa perspectiva, la mirada es una bisagra entre la posición de analizante y la de analista, pues su extracción abre la puerta a lo real que el plus de goce intentaba enmascarar: la no relación sexual. Eso es una condición que desemboca en el nombramiento del vacío de esa no-relación bajo la forma de lo que Lacan llamó el significante de la falta en el Otro -S(A tachado)- si recuerdan las formulas de la sexuación en el Seminario Aún. Eso antes de llamarlo el síntoma, sinthome.
Evidentemente, no hay grado cero del fantasma después de una cura, una posición de analizante permanece des- pués del pase. Pero, ¿qué cambió?, ¿qué ha cambiado? El objeto pulsional ya no es una trampa como antes y no es la única causa de la división. El sujeto no se deja engañar por ese tipo de goce. El fantasma ya no funciona como una cárcel para el deseo. La división puede producirse por ejemplo, a partir de o con una mujer. Recordemos que Lacan habla de un hombre que encuentra en su mujer un objeto causa… La Escuela y el psicoanálisis también pueden funcionar como causa… lo vimos en la clínica política de las Escuelas, la Escuela puede dividir a los sujetos.

Un nuevo uso
Eso permite llegar al “matrimonio a tres”. Después de la extracción del objeto, se plantea la cuestión de saber cómo vamos a trenzar un sinthome. Hay una relación entre la estructura de la feminidad y la de una Escuela en el sentido lacaniano del término. Ambas están organizadas por el no-todo fálico, las dos tienen como centro el vacío de lo real que bordea el significante de la falta en el Otro. Por esa razón, ambas tienen el mismo riesgo de estar fetichizadas por un sujeto: una mujer en tanto que objeto a, fetichizado y una Escuela también, en tanto que objeto a fetichizado, funciona siempre con una lógica masculina en cuanto a la sexuación, ya sea hombre o mujer. El sujeto siempre está del lado izquierdo de la sexuación. Por esa razón el riesgo de estrago existe dentro de una Escuela tal como en el vínculo con una mujer.
En los Escritos, Lacan ha evocado la Escuela en tanto que sujeto, un sujeto de pensamiento, dice Lacan. Si la Escuela es como un sujeto, no puede ser sino un sujeto femenino. Eso me planteó la cuestión del lazo con una mujer y con una Escuela. Ese lazo no está dado de entrada, hay que construirlo. En mi seminario de pase había evocado construir una mujer. Lacan habla de “inventar las reglas de juego respecto a un nuevo amor”. No se puede hacer sino uno por uno. No son reglas colectivas.
Aquí la lógica del partenaire-sinthome, desarrollada por J.-A. Miller, es muy importante. Que la Escuela pueda ser una partenaire-sinthome, significa que tanto el lazo con una mujer como el lazo con la Escuela pueden funcionar como suplencia, en el lugar del vacío de la no-relación sexual. Esto supone haber deconstruido el desmentido que uno opone en su neurosis a la no-relación sexual –ya sea la fetichización del objeto de amor, ya sea la completud del registro fálico para hacer grupo.
En esas condiciones, ¿Qué quiere decir, para un hombre analizado, entrar en la lógica femenina del amor? ¿Qué quiere decir la “feminización” al final de la cura? No se trata de cambiar de sexuación. Personalmente no soy San Juan de la Cruz, para nada. Significa una lógica como podemos encontrar en el lado derecho de las fórmulas de la sexuación de Lacan en el Seminario Aún, capitulo 7. Significa el consentimiento a la posibilidad de un agujero en el conjunto de las significaciones que le otorgaba el fantasma. Significa que una parte de su ser escapa al registro fálico de las significaciones. Significa que esa parte de su ser no tiene sentido, y queda una hiancia en la existencia. Significa que esa parte de su ser lo aísla del vinculo social, lo deja en la soledad. No hay posibilidad de representarlo mediante los semblantes, ya sean los significantes o el objeto a. La única manera de apropiársela consiste en hacerla equivaler con su propio modo de goce, su goce más singular. J.-A.Miller resumió eso diciendo “yo soy como gozo”, para definir su ser al final de la cura, es la mejor definición posible. Lacan la llama la identificación al sinthome. Fuera de los semblantes de la cadena significante o de la serie de los objetos a, Lacan usa el término de letra para calificar el sinthome. El lazo con una mujer puede estar tejido así, también con una Escuela. Sea cual sea el trabajo de los AE, que lo sepan o no, todos trabajarán para inventar un saber que pueda bordear esa hiancia del goce femenino sin taparla.

El porvenir del narcisismo
Después del atravesamiento del fantasma, el narcisismo puede mantenerse pues no existe el grado cero del ideal y no existe el grado cero del narcisismo. El imaginario se ha limpiado pero se mantiene después de una cura al menos bajo la forma de cuerpo. Pero la destitución subjetiva permite tener una distancia con la trampa del eje especular y el narcisismo tiene desde ahora un impacto relativo.
Pilar González: Abrimos ahora un turno de preguntas.
Carmen Cuñat: ¿Por qué dices que el sueño del sillón vacío sólo puede aparecer lógicamente tras el pase?
Patrick Monribot: Después del pase y después del análisis de la cura, pero de todas formas el proceso del pase pertenece a la cura, es un ingrediente de la alquimia del fin un análisis. ¿Por qué después? Primero muestra que el inconsciente y la posición analizante permanecen, con o sin el analista, más allá de la cura, más allá del pase.
Segundo, ese sueño funcionó como un punto de capitón que advino en el momento de concluir sobre el agujero del sexo femenino en la revista del analista en la sala de espera. Fue la primera vez que no funcionó como una mancha sino como un agujero y es como si a través del agujero hubiera visto desfilar la lógica de mi neurosis.
Tras la conclusión de la cura, el proceso del pase es un tiempo para comprender. La nominación fue un momento de concluir y ese sueño termina el proceso como un punto de capitón que esclarece lo que ya sabía.
Amanda Goya: Me gustaría que desarrollaras tu afirmación sobre la Escuela como partenaire del sujeto.
Patrick Monribot: El problema podría plantearse también con una mujer, el lazo del sujeto con un partenaire en tanto que sinthome, es decir un partenaire organizado alrededor de un agujero, de un vacío. En ambos casos la diferencia estructural primordial es la siguiente: esa hiancia, ¿vamos a taparla o vamos a bordearla? A través del desmentido se trata de tapar todo lo que funciona como un agujero: la castración, la inexistencia de la mujer, la no relación sexual. Y hay modalidades de amor, con un grupo o con una mujer que permiten tapar el agujero de lo real. Eso tiene para un hombre -no sé si para una mujer- el inconveniente de fetichizar la Escuela. Lo vimos cuando Lacan disolvió su Escuela, hay gente que no aceptaba ese acto analítico e intentaron un proceso judicial contra Lacan (Françoise Dolto entre otras) y era imposible conseguir la disolución. ¿Cómo pensarlo sino como un rechazo de lo real respecto del grupo? Fue la imposibilidad de tocar el objeto fetiche.
Lacan demostró que hay otro lazo posible con una Escuela, como con una mujer, que no excluye lo real, lo que implica una relación con un grupo que bordea el agujero, que no cesa de hacerlo y para ello Lacan propone la invención de saber, es el trabajo de los AE finalmente. No se trata de un saber para tapar, para enmascarar, sino de un saber que no totaliza, lo que permitió a Éric Laurent decir que con sus hallazgos, un AE era un pasador de un saber no-todo. Se trata de inventar un saber sin cesar y no cesar de no totalizar el saber, lo que es diferente del saber absoluto de Hegel, que interesa al discurso universitario. ¿Qué forma puede tomar ese saber? Una forma epistémica, y es una de las tres misiones del AE. Con respecto al lazo con una mujer no se trata de hacer un seminario cada noche. Con una mujer tanto como con una Escuela se trata de un saber hacer ahí con, lo que Lacan llamó “inventar las reglas de un nuevo amor” en el Seminario Los no incautos yerran, y para ello no hay consejos, no hay Universal, uno por uno, hay que arreglárselas con una mujer y con una Escuela, es decir que no hay que rechazar las crisis. Las crisis tienen una vertiente benéfica, son un momento privilegiado para “saber hacer ahí con”, pero desembocan en estrago si se pretende resolverlas en el registro fálico.
Vilma Coccoz: en tu texto Del diván a la Escuela mencionas el momento en que fuiste nombrado pasador, ¿por qué es a posteriori de un sueño? ¿Por qué piensas que tu analista te nombró pasador en ese momento y no en otro? y ¿Cuál fue tu experiencia como pasador?
Patrick Monribot: No se trata exactamente del sueño sino de lo que aparece a continuación, que “yo estaba muerto y no lo sabía”. Esa frase ha marcado el fin del imperio del fantasma, “estar o ser un muerto” y eso va a implicar un cambio radical en la vida. Inmediatamente después de esa sesión tengo un momento de desrealización del mundo. Por ejemplo, he forzado la puerta de un coche que no era mío; después me perdí en la ciudad, tras 18 años de recorrido con el mismo itinerario. Pienso que a partir de eso, el analista me propuso para el dispositivo del pase en tanto que pasador, tras un efecto de atravesamiento del fantasma y un encuentro con lo real, es decir, de destitución subjetiva con momentos de acefalismo subjetivo y confusión, cuando soy Otro para mí mismo.
Mi experiencia de pasador fue un poco particular, pues la primera vez fue con una mujer que inmediatamente fue nombrada AE. Yo no sabía y no quería saber nada de psicoanálisis, me interesó la teoría después, pues pensaba según mi estructura obsesiva que podría usar la teoría para no analizarme. No es una regla universal, yo me conocía un poquito.
Esa mujer fue nombrada y esa nominación me impactó: ¿qué hice?, ¿qué he transmitido? Y quedé muy dividido por la experiencia, incluso la experiencia que desemboca en una nominación ya que el pasador tiene una posición muy especial. En esa época el acto era muy solemne, con Miller y mucha gente que me impresionaba mucho, que me dicen: ¡“le escuchamos, deje sus papeles”, y tuve que hablar sin papeles, todo el mundo serio… finalmente Miller me despidió y un cuarto de hora después no había encontrado la salida de la Escuela! Al final me encontré en el metro y cuando salgo a la calle estaba en el lugar parisino de la pulsión, estaba en Pigalle al otro lado del lugar de mi hotel en París. ¿Qué hago en Pigalle? Hay una explicación que entendí mucho tiempo después. Es la parte pulsional del ser la que se manifestó con los objetos fetichizados que se llaman las mujeres, es un efecto de división por el dispositivo del pase en tanto que pasador. ¡Cuando la pasante me llamó por teléfono para decirme que había sido nombrado yo, que no sabía por qué, quería ir a cada miembro del cártel para preguntarle!
Pilar González: ¿El goce en el sinthome deja de ser molesto para el sujeto o siempre hay un efecto de división con la que uno tiene que jugar?
Patrick Monribot: Si el partenaire síntoma es una Escuela o una mujer es muy difícil sostener que hay satisfacción todo el iempo, aunque podamos decir que una crisis pueda ser una satisfacción. Para Lacan “el nuevo amor” no es la beatitud de Espinoza o de Dante frente a Beatriz. Podemos mantener una división a partir del lazo con una mujer o con una Escuela. ¿Qué quiere decir “hacer de una mujer un objeto causa”? Un objeto causa, no un objeto de satisfacción, puede provocar el deseo. Sabemos que el deseo y la angustia tienen una correlación estructural. Podemos oponernos a una decisión de la jerarquía sobre tal o cual punto, discutir y engañarnos, es un modo de lazo con satisfacción, si distinguimos satisfacción y placer.
Andrés Borderias: Has utilizado el término “amor crítico” para nombrar este vínculo.
Patrick Monribot: Exacto, amor crítico, empleé la palabra crítico pues es el adjetivo que viene de crisis.
Estela Paskvan: Cuando hablamos del “deseo del analista”, hay que tener en cuenta lo que Lacan afirma en el Seminario XI, que “no es un deseo puro”. Lo mismo puede afirmarse del deseo en general, es decir, el deseo no es puro, porque el estatuto del objeto y la causa se ponen en juego. A partir de este momento en la enseñanza de Lacan, el deseo se abrocha a objetos impuros, como lo es el “objeto causa”, es decir, lo que empuja no es algo ideal, así será luego “el objeto plus de goce”. Y en esta misma vía, la de un resto de goce ineliminable, es que llegamos al “partenaire síntoma”. En ese sentido la relación a la Escuela es siempre sintomática. La pregunta de Amanda Goya acerca de la variación de la relación del sujeto con su síntoma y con la Escuela antes y después del pase, es clave. Y las respuestas serán siempre singulares. Puedo decir que antes de mi conclusión de análisis, mi relación con la Escuela, era la de ser una militante por la causa del padre. Luego, en el dispositivo del pase pude atrapar lo que sostenía esa militancia, algo del “no quiero saber”: la aversión por la satisfacción pulsional. Pasar a un consentimiento, lograr decir “sí”, fue una conclusión de la que ya he testimoniado. Pero no digo siempre “sí”, cosa que por otra parte, es público y notorio. Con la Escuela, si es un partenaire nuevamente elegido después del análisis, uno sigue teniendo una relación sintomática, es decir, hay restos que no se disuelven, y agregaría, ¡por suerte!.
Patrick Monribot: Hay que añadir que en tanto que sinthome la Escuela es el lugar del goce incurable, es decir, de una forma de malestar.

B) Preguntas políticas
“¿Cómo se le ocurrió la idea de consultar con un analista experimentado tras terminar el análisis y qué puede decir de esa experiencia para presentarse al dispositivo del pase?”
“¿Cómo entiende la función política del AE y su relación con las instancias y la jerarquía de las Escuelas?”
“¿En el ejercicio de la función política se trata de una autorización diferente, un autorizarse como analista del sujeto Escuela? ¿En qué medida la jerarquía hace de obstáculo en esta cuestión?”
“El hecho de que la función analizante perdure tras el final del análisis, ¿puede realizar una división subjetiva que interfiera en el ejercicio de la función política del AE?”
Por último, “¿cómo entiende la refundación del proceso del dispositivo del pase?”
Patrick Monribot: Después de la nominación, me ocurrieron dos cosas: fui a buscar a cada uno de los miembros del cártel para pedirles, uno por uno, las razones de mi nominación: ¿Por qué sí? Quedaron un poco sorprendidos pues, por lo general, son los no nombrados los que van a preguntar. Quería saber en realidad si habían deducido elementos clínicos que yo no había percibido.
Las cinco personas me respondieron con argumentos totalmente diferentes. Todo ese material me ayudó para construir el testimonio público, para ordenarlo.
Después, tenía inquietud en cuanto a la dimensión teórica que tenía que desarrollar durante tres años des- pués del testimonio, tenía miedo. Decidí tener una cita con Miller, pues él no era ajeno al final de mi cura, con el escalofrío. Le pedí un control para hablar de mi pase. Quería encontrar un hilo teórico a partir del material clínico de mi testimonio, un hilo rojo se dice. Jacques-Alain Miller no me dio una solución pero me permitió obtenerla en pocas sesiones.
Yo sabía que todo se organizaba alrededor de un desmentido pero no tenía la manera de exponerlo. Después fue un asunto de lectura de los últimos seminarios de Lacan para captar elementos que resonaban con mi experiencia.
En la conferencia sobre el pase en París reunida por J.-A. Miller en noviembre presenté el texto Desinflar el superyó donde doy cuenta de esto: mi manera de desinflar mi propio superyó. Estela Paskvan: En primer lugar les agradezco poder estar en esta reunión. Es un momento en en la ELP muy interesante porque estamos retomando el interés por el pase. Ya que estoy aquí como integrante del Cártel del Pase, en tanto “más uno”, intentaré responder algunas cuestiones de estas últimas preguntas que acabo de oír. Empezaré por lo que Lacan planteó en un discurso a la antigua Escuela Freudiana de París, poco tiempo después de su Proposición. Allí afirmaba que el pase en el dispositivo que había propuesto hace “emerger” el momento de pase en un análisis al “redoblarlo” en ese dispositivo. Jacques-Alain Miller, ha retomado esta frase hace tiempo, creo que en 1977, y se ocupó así en diferenciar el pase (2), el que ocurre en el dispositivo, del pase (1) , es decir, el acontecimiento en un psicoanálisis o, como también decimos, el pase clínico. Entre ambos hay un tiempo de suspenso. Me parece importante recordar que el pase clínico, pase (1) no se aislaría sin su redoblamiento, el pase (2).
Es lo que Patrick Monribot señalaba en el aprés coup de su sueño con el sillón vacío, después de hablar con los pasadores. O también, en lo sucedido en el dispositivo con ese significante amo que es “escalofrío”. Si ubicamos primero en la línea del tiempo el pase (1) -que no coincide necesariamente con la conclusión del análisis- la Escuela ofrece la posibilidad y el riesgo de someter a verificación este pase en lo que llamamos el pase (2). Lo interesante es que este pase (2) hace emerger retroactivamente, por ej., para Patrick, un acontecimiento del cuerpo. Cuando él va a hablar con un pasador en el dispositivo, le sube la fiebre, tiene escalofríos, el pasador tiene que cuidarlo, meterlo en cama, etcétera. Así surge, en este tiempo segundo, un S1 que puede aislar como significante amo, un significante que ya no entra en cadena con otros significantes. Ese S1 estaba ya en sus recuerdos de la más temprana infancia, en esas enfermedades de las que ha hablado, pero ese sentimiento de “ya estaba allí” sólo se adquiere en el tiempo segundo. De allí que el procedimiento del pase es importante y excede al de ser un proceso de selec- ción en la Escuela.
Patrick Monribot: Aún más cuando el S1 nombra el significante de la falta en el Otro.
Estela Paskvan: También me pareció muy interesante el uso del síntoma en el dispositivo mismo. Los sujetos pueden hacer usos diversos del dispositivo que, en general , son siempre sintomáticos aunque el sujeto lo ignore. Paso a otras cuestiones de las preguntas.
El cártel del pase debe tener en cuenta que hay una cierta tensión en el testimonio de un pasante, entre el relato de su experiencia analizante -y por tanto la ficción de todo relato- y la demostración, entre “mostrar” y “demostrar”. Es una tensión que es explícita en la enseñanza de Lacan a partir del seminario XXIII cuando, hablando de la pragmática, dice: “no demuestro sino que muestro”. Esta misma tensión podría ponerse en juego en el dispositivo mismo. En general, las enseñanzas de los cárteles quedaron reducidas a un informe final y punto. El cártel debería tener una tarea de demostración y de enseñanza mayor. Y en ese sentido, se podría contrabalancear el peso que recae sobre el AE, aquel que tiene que sostener el pase en la Escuela, con su testimonios, ejercer una enseñanza, pasear por un montón de sitios entusiasmando a la gente, y además, debe interpretar a la Escuela, en fin, se convierte en un AE ideal, un modelo, del que no es ajeno una dimensión superyoica!
La propuesta de J.-A.Miller en la “Conferencia del Pase”, de empezar a hablar del cártel en el dispositivo como de una pequeña asamblea donde se delibera, y no sólo de un núcleo de 5 personas (4+1), me parece que va en esa dirección, rescatar la función de demostrar y enseñar. Son cuestiones que lanzo por primera vez aquí.
Patrick Monribot: Sobre la función política del AE. El AE tiene que analizar la experiencia del “sujeto Escuela”, experiencia clínico-política, como si se tratara de un sujeto y a partir de esa interpretación puede orientar en el Consejo de una Escuela. El gobierno de la Escuela puede entonces inspirarse en ese análisis. Ahora bien no me parece tan evidente que un AE elegido y nombrado a partir de su trabajo de analizante esté en mejor posición para aconsejar la política de la Escuela y sus orientaciones políticas, eso hay que demostrarlo.
Pero no estoy seguro que la posición del AE como tal sea suficiente para impactar el gobierno de la Escuela, salvo si el dicho AE tiene una posición jerárquica en las instancias de la dirección de la Escuela, en su gobierno. Hay una dialéctica que mantener entre la “autoridad auténtica”, según la expresión de J.-A. Miller, y la “autoridad jerárquica”. Esa dialéctica implica un conflicto estructural, lógico, entre el discurso del analista que tiene que mantener el AE y, por otro lado, convocar al AE como agente del discurso del amo. Eso es muy interesante. Los AE no representan a ninguna casta de dirigentes ni a ninguna casta de superanalistas. “El analista” no existe.
Tienen otra misión que les preocupa mucho y que necesita tiempo: el trabajo epistémico de doctrina. Con la elaboración doctrinal se trata de bordear el agujero del goce femenino real, mediante la invención de saber – S 2.¿Por qué el fin de la cura daría una capacidad particular en la materia? Por ejemplo, como dije en el texto Desinflar el superyó, ni un solo AE, incluidos los antiguos, supo interpretar la deriva de la Escuela por la expansión de los CPCT frente a las exigencias del discurso del amo. Ni un solo AE, antes de que J.-A. Miller subrayase el riesgo. Ni un solo AE había previsto y tratado la crisis con los Foros del 98, etc. O bien se trata de un fracaso de nosotros los AE, o bien podemos pensar que el AE no es necesariamente pertinente para tratar tal problema quien, sin embargo, participa de la vida del “sujeto Escuela”. Hay un límite a la pertinencia política del AE. Por esa razón, es mi lectura en tanto que antiguo AE, Miller propuso una disolución del colegio del pase en Francia y finalmente su disolución para ampliar el grupo de discusión más allá de los AE.
Pilar González: Me pregunto si realmente se ha esperado de los AE el análisis de los puntos candentes de la Escuela más allá de su testimonio. El año pasado Laure Naveau, a propósito de la deriva con el discurso del amo, dijo que ella nunca se había puesto a pensar con relación a este tema. Hay una inercia en la Escuela en donde hay personas autorizadas con un supuesto saber o con una experiencia a las que se les concede ese lugar de ser los que interpretan y no se espera esto de los AE. Pienso que los AE, si son capaces de haber hecho un recorrido para llegar a orientarse por lo real, en teoría tendrían que ser capaces de pensar e inventar algo en torno a eso, a condición de que se espere de ellos esto o que ellos esperen de sí mismos este papel o esta función.
Andrés Borderías: Recuerdo que J.-A. Miller en el momento que planteó la función del AE como analista intérprete de la Escuela presentó la idea de un AE permanente y un colegio permanente de los AE, quizás con vistas a consolidar esta función. Ahora, en una lógica distinta, la cuestión es más bien la de un descompletamiento del cártel. Estas dos propuestas, aparentemente contradictorias, responden quizás a dos modos distintos de considerar el fin de análisis y por tanto del pase. La primera, según la travesía del fantasma, referida a un análisis concluido definitivamente. La segunda, correspondería al momento actual.
Patrick Monribot: Un colegio del pase que se reúne cada 6 años quizás no responde a este inicio del Siglo XXI. El cártel de 4 más 1 quizás fue un momento de la Escuela. Hay un instante de ver que corresponde a la autodisolución del colegio del pase en Francia. Ahora estamos en un tiempo para comprender y veremos el momento de concluir con un nuevo dispositivo, que aún ignoramos. No tengo la respuesta. Hay que pensar una tarea del AE que sea compatible con deshinchar el superyó. No hay que fijar reglas obligatorias. Inspirándome de mi propia experiencia, propondría que el AE recién nombrado pueda, si lo desea, formalizar su testimonio con el cártel que le ha nombrado, antes de pasarlo al público. También propondría que él pueda elaborar el hilo doctrinal extraído de su experiencia clínica de analizante con ayuda, bajo la forma de un control, si él lo desea.
Podríamos pensar una forma de trabajo más tranquila sin solicitaciones incesantes que impiden el trabajo. Finalmente, hay que dejar la implicación política a aquellos que les gusta.
Por otra parte, la duración de tres años podría ser f lexible. ¿Por qué la capacidad de invención tendría que durar tres años? Podría ser menos. Podría ser más. La capacidad de elaboración o de transmisión de los AE debe ser pensada bajo la forma de momentos recurrentes y no lineales. De cierta forma, hay sin duda una permanencia del AE, bajo una forma discontinua. Nada que ver con el AE permanente en el sentido de un mandato oficialmente infinito. Por último, el dispositivo del pase puede cambiar desde el punto de vista del cártel. En Francia, J.-A. Miller propuso recientemente un grupo único de trabajo con los dos cárteles en un mismo conjunto. Se trata de aumentar el número de personas que deciden una nominación. Según lo que dijo J.-A. Miller, cuantos menos criterios fijos y mecánicos hay para nombrar, más opiniones se necesitan para decidir, con un límite sin embargo, un grupo demasiado grande no puede funcionar con eficacia. Otras modificaciones interesan la elección de los pasadores. El secretario que organiza el pase podría ayudar a los pasadores que lo quieren o que lo necesitan. Para resumir, lo más importante es la posibilidad de introducir una flexibilidad a todos los niveles del pase. Es una manera de desidealizar el pase.
Estela Paskvan: Es un momento de refundación del pase, por eso es interesante promover lugares de discusión. Evidentemente la política del pase no es ajena a la doctrina del pase, si hablamos ahora de “sinthome” después de la conclusión de la cura, de una conclusión con restos sintomáticos, la política, e incluso el dispositivo mismo, no pueden ser ajenos a eso. Entre otras cosas, tendremos que discutir el modelo de cártel, que desde 1982 sigue siendo el mismo. Hay que decir que en España tenemos dispositivo del pase desde 1995, y hasta ahora nunca hemos tenido un Colegio del Pase. Son muchas las cosas a revisar, hay que seguir discutiendo, mejor dicho, empezar a debatir.
Rosa López: A propósito de los cambios en el dispositivo y aprovechando precisamente que tenemos a Estela aquí en Madrid quería que nos explicaras la cuestión que lanzaste sobre la pertinencia de que en la ELP tengamos nuestro propio cártel del pase.
Estela Paskvan: Hay que recordar cómo han sido las cosas. El debate en la Escuela de la Causa Freudiana sobre el pase comenzó con el Journal que editó J.-A.Miller hacia las Jornadas de la ECF y que aún continúa. Mi texto simplemente decía cual era la situación en la ELP donde el pase era algo que estaba lejos de los miembros. Hace 8 o 9 meses era impensable tener una reunión como ésta, con tanta gente y ¡un viernes víspera de las vaciones de Semana Santa! No sólo en Madrid era impensable, en Barcelona también, aunque allí residen la mayoría de los AE. Ni las nuevas generaciones, ni los miembros, incluso ni las instancias de la Escuela, tenían ni idea, por ejemplo, del reglamento del pase, ni quienes formaban el cártel del pase, etc. En ese sentido recordaba en esa carta el momento fundacional del 90 al 95 en el que toda la Escuela era experta sobre el pase, eran verdaderas asambleas donde se discutía todo. Por supuesto J.-A.Miller animaba la cosa como siempre. Entonces todo el mundo discutía sobre la designación del cártel y de los pasadores, las incompatibilidades, etc. Todo eso había desaparecido y así lo expresaba en esa carta que titulé “El dispositivo del pase está lejos”. J.-A. Miller la retituló “Autonomía.”
Lo que nos tenemos que interrogar los miembros de la Escuela es si nos escuchamos. Algo que acaba de decir Patrick que me parece importante: los AE ¿interpretan o no interpretan la Escuela? ¿hay alguien que interpreta la Escuela? No, desgraciadamente no lo hay, J.-A.Miller mismo lo siente así, es J.-A. Miller el que interpreta realmente la Escuela y hay que preguntarse por qué nosotros no podemos en momentos determinados decir esto sí, esto no. Reconozco que yo no fui a interpretar la Escuela con mi carta. Pero sí asumo la interpretación que J.-A. Miller hizo de mi carta, y en este momento, siento el compromiso de animar el debate para animar nuevamente el deseo del pase en esta Escuela.
Arianne Husson: No entiendo muy bien el movimiento de la Escuela en estos últimos años, cómo se ha pasado de la apertura a la sociedad a este momento de repliegue sobre el pase. Quería saber también si este nuevo debate sobre el pase tiene algo que ver con el debate sobre la evaluación.
Estela Paskvan: Una cosa no va sin la otra, aunque hay momentos en los que se insiste más en un aspecto u otro. Retomar la cuestión del pase no es una cuestión que sólo atañe a los pasantes o a la gente que termina su análisis, sino que estamos discutiendo de clínica.
Patrick Monribot: Dialectizar la intensión y la extensión supone en la vida de una Escuela, como en la vida de un sujeto, varios momentos con épocas de prioridades, eso pertenece a la vida del sujeto Escuela. No significa una elección de un lado más que otro lado, es una dialectización. Supongo que usted habla de la reciente experiencia de los CPCTs.
Arianne Husson: No sólo.
Patrick Monribot: En Burdeos 80 personas hacemos un seminario de la Escuela sobre el pase cada 15 días, estudiamos la Proposición de Octubre, varios textos respecto al fin de la cura y al mismo tiempo tenemos la suerte de mantener nuestro CPCT y también de abrir un segundo, y con discreción, sin vender nuestra orientación al amo, porque las personas que dan dinero no nos piden casi nada en retorno, es así, es una particularidad en Burdeos. La actualidad en la dialectización pone el proyector en el punto de vista epistémico, pero en la práctica de lo cotidiano hacemos funcionar en Burdeos ahora dos CPCT y todo funciona ahora bien, es una experiencia clínica de nuestra Escuela en Burdeos, no puedo hablar de otros lugares.


EL AUTOR

Patrick Monribot.Ex A.E.(1999-2002).
Psicoanalista en Burdeos.
Miembro de la ECF, NLS y la AMP.

1Comisión del Espacio del Pase:
Responsables:
Santiago Castellanos, Carmen Cuñat,  Araceli Fuentes, Pilar González, Rosa Navarro.

Participantes: Miguel Ángel Alonso, Graciela Amorín, Katya Barbosa de Souza, Beatriz Garavelli, Susana Genta, Amanda Goya, Julia Gutiérrez, Herminia Hernández, Ana Jiménez, Diana Lerner, Ana Lía Gana, María Martorell, Marta  Mora, Heleaneth Mora, Silvia Nieto, Obeth Torres, Keyla Toro, Mandy Toro, Mercedes Villén.

2P.Monribot, “Del Diván a la Escuela”, texto inédito.

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Desgrabación y transcripción:
Obeth Torres.

Edición del texto:
Andrés Borderías, Silvia Nieto.

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