Editorial 5

Editorial Letras nº5

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Volvemos en este número sobre una cuestión fundamental para la política lacaniana en nuestros días: el lugar del psicoanálisis en la institución.

El debate se torna crucial, en un momento en el que se agudizan en todo el mundo las iniciativas gubernamentales que pretenden impedir la presencia del discurso psicoanalítico, ya no sólo en las instituciones públicas, sino como práctica clínica.

Los recientes acontecimientos relativos a la propuesta de interdicción del psicoanálisis para el tratamiento del autismo, tanto en España como en Francia, así como la preocupante intensificación de la medicalización en la infancia -que ha sido objeto reciente de un intenso debate en nuestra ciudad y nuestro país con la celebración del segundo Foro de la ELP- son el reflejo de una política decidida. Una política que se sostiene en la alianza entre el discurso del amo y el capitalismo evaluador, nutrido de argumentos cientificistas. La universidad, la industria farmacéutica y los gestores administrativos de unos servicios públicos en vías de privatización, imponen así una política de hierro al sujeto moderno, al que se invita a dimitir de su relación con la palabra y la causalidad psíquica en lo relativo a sus actos y sus síntomas. Una dimisión acompañada de la incesante oferta de un goce consumible, antesala de la mercantilización de la subjetividad.

La presencia del psicoanálisis y los psicoanalistas en las instituciones, así como la de las instituciones orientadas por el discurso psicoanalítico, deviene un elemento de importancia crucial en estas coordenadas. Se trata de inventar y de mantener abierto un espacio en la institución para que el sujeto pueda elaborar una forma sintomática propia ante la incidencia de lo real en su vida.

Por otro lado, es preciso facilitar otra respuesta con la creación de nuevas instituciones a los nuevos fenómenos clínicos, como ciertos estados de la psicosis, ciertos pasajes al acto, ciertos estados de malestar psíquico que pueden llevar al sujeto a la exclusión social o la muerte. Esto implica un analista que sepa agujerear la institución, que sepa descompletar el discurso del amo que la anima y que pretende la eliminación del síntoma, el “bien y la salud” del individuo, la unidad y normalización del sujeto. Pues el psicoanálisis apunta a la emergencia de un deseo singular que no excluye ni el malestar ni la angustia, y en algunos casos a la construcción de una vía sintomática propia, para la que no hay ningún saber preestablecido.Se trata, además, de que sepamos transmitir los efectos del psicoanálisis aplicado en la institución a aquellos interlocutores que pueden entender que hay otra política ante lo real.Con este fin hemos reunido en este volumen textos y casos que abordan desde diversas perspectivas este tema.

 


Andrés Borderías
Director de Letras
aborderias@arrakis.es

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