Lacan Analizante*

Por Éric Laurent
* Artículo publicado por el autor en el nº 74 de la Cause freudienne, “La psychanalyse vite”. Traducción por Julia Gutiérrez y Araceli Fuentes.

MascaraLacan analizante es el reverso de Freud. Él sí hizo un análisis, así pues, nada de autoanálisis en público, ni de interpretación de los sueños, pues no los hay conocidos, excepto dos sueños de despertar sobre los que se apoyó para analizar brillantemente el sueño del que Freud, a quien fue referido, hizo un gran caso: “Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?”.
¿Nos encontramos entonces sin recursos para hablar de Lacan analizante?

La pareja analizante-analista
Para que haya psicoanálisis y éste no sea “auto”, es necesario un psicoanalista. La elección del psicoanalista era una elección forzada. Rudolph Loewenstein, formado en Zurich y en Berlín, analizado por Hans Sachs, llega a París en 1925 para formar analistas en la modernidad psicoanalítica siguiendo el estilo del Instituto de Berlín. Después del giro de los años veinte, su “técnica” psicoanalítica pasa por el análisis de las resistencias. Cree en el mantenimiento de un “encuadre” estricto del tiempo de las sesiones, de su número, etc. Así pues, a partir del otoño de 1932 Lacan se vio confrontado a un encuadre rígido e idealizante a lo largo de seis años. El final de la cura es correlativo de la reducción a cero de la transferencia. En principio, debemos poder interpretar la transferencia sin resto.
Un punto común entre el analista y el analizante era su carisma, su encanto, su posición de seductor, su narcisismo, dicen. De hecho, es su carrera de seductor la que aparta a Rudolf de las estrictas reglas que él mismo promueve. Es el amante de la princesa Marie Bonaparte desde el 2 de noviembre de 1926, tras haber analizado a su hijo el año anterior. Su relación no impidió a la princesa querer acabar con su frigidez haciéndose practicar una operación sobre el clítoris el 20 de abril de 1927. Freud, analista de la princesa, no pudo disuadirla. Los que han visto la película de Benoît Jacquot sobre la princesa vieron a Loew, representado de una forma muy simpática. En su práctica lo era menos. La competición entre Loewenstein y Lacan se marca claramente en la transferencia. Lacan habría contado algo dicho en el diván y que yo retomo, pues he tenido otros ecos de la práctica de Lacan como conductor o pasajero de un vehículo, que van en la misma dirección: “Un día que pasaba por un túnel al volante de su pequeño automóvil, vio un camión que se le venía encima. Entonces decidió seguir adelante: el camión cedió el lugar”1. ¿Quién iba entonces a ceder en la cura? Desafiado por el soñador, Loewenstein reacciona con un forzamiento. Después de seis años de análisis quiere convencer a su analizante para continuar, aunque todo ha terminado entre la pareja.
Aunque el análisis de Lacan durará más de lo que solían durar los análisis en esos años, quiere forzarlo a quedarse después de su elección como miembro titular en 1937-1938. Los titulares, en número de una decena, constituían una élite en la época. Ese forzamiento absurdo no tenía sentido. Lacan retendrá de este análisis que la transferencia negativa es un elemento decisivo para la práctica psicoanalítica: “el nudo inaugural del drama analítico”2. Esa transferencia negativa, respecto al analista y al establishment psicoanalítico, se extendía también a la princesa e incluso al rey-fundador.

Los esfuerzos del analizante
Confrontado al dispositivo normativizante del analista, todo sucede como si Lacan deseara forzar algo de su vida amorosa. Él que ha calificado el deseo del hombre de centrífugo3, comparte sus amores desde 1929 entre María Teresa y Olesia, segunda mujer abandonada de su amigo Pierre Drieu La Rochelle. Es ella la que dactilografiará su tesis, publicada en 1932. Su relación dura hasta 1933. En el otoño de 1933, después de un año de análisis, el analizante se enamora de la hermana de uno de sus compañeros de internado y propone el matrimonio, que tiene lugar el 29 de febrero de de 1934 y durará hasta el enamoramiento con Silvia Bataille, en noviembre de 1938; mientras tanto Lacan había estado a menudo dividido entre dos mujeres. El primer efecto del psicoanálisis sobre Lacan analizante parecería ser una tentativa de normalizar su relación con las mujeres. No obstante, el matrimonio, que no durará sino cinco años, no parece haber sido una solución más que durante el análisis.
El fracaso de la normativización imaginaria durante el análisis se plasma también en las relaciones con el analista. Este último, durante la escisión del 53, está aún completamente poseído por una pasión celosa y por la voluntad de querer estar por encima de su antiguo analizante. El asunto es patente, tanto en las cartas que entonces dirige a la Princesa, como en su patética respuesta teórica al Discurso de Roma de 1953, pronunciado por Lacan, publicada en 1956 con el título Some remarks on the role of speech in psycho-analytic technique4. Loewenstein mezcla a Saussure y a Jakobson con exiguas descripciones de la verbalización por el ego. No cita a Lacan más que como editor del primer número de la revista La psychanalyse. La pretendida trampa que Loewenstein reprochaba a Lacan, es decir, no haber proseguido su análisis por dictado burocrático, resulta ser del lado del analista una verdadera impostura.
Se puede leer algo sobre el punto alcanzado por el analizante Lacan a la salida de su análisis en la larga carta que le dirige a Loewenstein después de la escisión del 53. Lacan retoma entonces con detalle el desarrollo de los hechos institucionales que han marcado la escisión, no por afán de exactitud sino para hacer oír la verdad de su posición. Lo que se hace oír en la certeza que lo anima es una verdadera destitución del psicoanalista: “Sueño con la clase de fe que ahora me lleva más allá de todo eso, (…) que sé cada vez mejor lo que tengo que decir sobre una experiencia que sólo estos últimos años me han permitido reconocer en su naturaleza y solamente así dominarla verdaderamente. Espero verlo en Londres y sea lo que sea lo que ocurra, sepa que encontrará a un hombre cada vez más seguro de sus deberes y de su destino.
(…) Estas páginas no han sido escritas para contribuir a ese dossier sino para darle, en el tono libre que nos permite nuestra particular relación, el testimonio vivo sin el cual la historia no podría ser escrita. Ninguna objetividad podría ser alcanzada en materia humana sin ese fundamento subjetivo.”5
La manera en que Lacan describirá el fin del análisis concuerda rigurosamente con su propia experiencia: destitución del sujeto supuesto saber, deseo decidido, trenza del deber y del destino, désêtre.

El método clínico y el objeto a
En el texto publicado en 1966 con el título De nuestros antecedentes, Lacan refiere su entrada en el psicoanálisis a la puesta a punto de un “método clínico exhaustivo del que su tesis de medicina constituye el ensayo”6. El mecanicismo psiquiátrico de Clérambault asumido como “fidelidad a la envoltura formal del síntoma” revertido en efectos de creación, la lucha contra los prejuicios relativos a la estabilidad del yo, y el método de lógica exhaustiva, constituyen en efecto los elementos de una configuración de entrada en el psicoanálisis de la época, propicia a una confrontación con los prejuicios que ésta arrastraba y a las vías de renovación que Lacan quería abrir allí. Sin embargo esta no era más que una de las vías de entrada en la cuestión. Con la tesis sobre Aimée, de lo que quiere encontrar la llave es de la pasión femenina. Aimée es el misterio, misterio de la pulsión de muerte en las mujeres y su pasaje al acto. Freud había dejado a sus lectores con la pregunta: “¿qué quieren las mujeres?”. Resueltamente, Lacan avanzaba en la zona en la que ellas quieren golpear al hombre y a su objeto de loco enamoramiento. Aimée anuncia la lectura que Lacan hará del caso de las hermanas Papin, de Medea, de madame Gide, del Imperio de los sentidos, de las místicas. Lacan no es un místico del goce femenino, sino un apasionado descifrador de la posición femenina de la sexuación de la que finalmente nos dará el matema. Esto es sin duda lo que Lacan analizante quiso descifrar por encima de todo; eso permite entender porqué la normativización del matrimonio no podía ser más que un trampantojo.

De la histérica a la mujer
En su transferencia negativa respecto a los prejuicios del psicoanálisis de los años treinta, Lacan llega a aislar el deseo de Freud que -como el deseo de la histérica- no es una referencia psicológica. Lacan analizante reprocha a Freud el haber confundido la mujer y la histérica. “Freud habría sido seguramente un admirable idealista apasionado, si no se hubiera consagrado al otro, bajo la forma de la histérica”7. Lacan no ha sido un idealista apasionado del goce femenino. La idealista apasionada fue Aimée, pero la relación de Lacan con la pasión femenina le permitió extraer de ella un matema para responder al goce de la mujer que golpea. ¿Es eso el despertar? En su Seminario XI, Lacan nos hace partícipes de un sueño suyo que le toca y que pone en juego una mujer que golpea su puerta: el está knocked. “El otro día fui despertado de un corto sueño con el que buscaba el reposo por algo que golpeaba mi puerta desde antes que me despertara. Con esos golpes apresurados, yo ya había formado un sueño, un sueño que ponía de manifiesto algo distinto de esos golpes (…) yo sabía que estaba bajo el golpe del despertar, que yo estaba knocked8.
Atrevámonos a aproximar los golpes de Aimée y los del despertar. Lacan analizante es aquel que supo soñar más lejos que Freud y afrontar lo insoportable de la pregunta femenina para un hombre y eso en los términos que renovarían el psicoanálisis de una manera decisiva. Ayudado por el recurso a la estructura -tomado de su amigo Claude Levi-Strauss- que le permitía continuar el sueño spinozista de su adolescencia, el analizante Lacan iba a avanzar pagando con su persona, sin la garantía de los sistemas de parentesco estándar, en el espacio de confrontación con la mujer, y de la feminización implicada en la posición de analista. De Aimée a Encore, la consecuencia es buena. Gracias a la letra terminará por dar el matema, “la razón” no inscribible de la pasión entre los sexos. Podrá apoyarse sobre esta escritura para formular un amor que inscriba la indignidad pulsional, la Cosa, la Ding de cada uno. Es “el amor más digno”9 que Lacan analizante llama de sus deseos, es la percepción que ha abierto para todos nosotros, uno por uno. No nos expulsarán ni de este paraíso ni de este infierno.


EL AUTOR

Éric Laurent.A.M.E.Psicoanalista en París,
Miembro de la ECF y la AMP.
Docente de la Section clínica de Paris-Saint-Denis.

Referencias
1Rapporté par Roudinesco É., Jacques Lacan. Esquisse d´une vie, histoire d´un system de pensée. París, Fayard, 1993, p.108.
2Lacan J., “L´agresivité en psychanalyse”, Écrits, París, Seuil, 1996, p.107.
3Lacan J., “La signification du fallus”, Écrits, op. cit., p.695.
4Loewenstein R.M., “Some remarks on the role of speech in psychoanalytic technique”, International Journal of psychoanalysis, 1956, vol.37, p.460-468.
5Lacan J., Carta a Rudolph Loewenstein del 14 de julio de 1953, en “La escisión de 1953” suplemento a Ornicar? Nº 7, 1976, p.65 a 66 [6].
6Lacan J., Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales de psicoanálisis, p 30 -31.
7Ibid p. 55-56.
8Lacan J., “Nota Italiana”, Otros Escritos, París.

Traducido por Araceli Fuentes y Julia Gutierrez.

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