El orden simbólico en el Siglo XXI, ya no es lo que era*

El orden simbólico en el Siglo XXI, ya no es lo que era*
Textos: Andrés Borderías
*Introducción al tema del Congreso.

ciudad3_1.jpgPara iniciar esta mañana de trabajo, sobre el tema que nos convoca, he preparado una puntuación sobre las cuestiones a mi juicio más relevantes que enmarcan el campo del debate, a partir de las intervenciones de J.A.Miller en el cierre del Congreso de Comandatuba “- Una fantasía”, de Eric Laurent en la “Conferencia de Clausura del VII Congreso” y las intervenciones de los colegas de la AMP en el brainstorming que acompañó ese cierre y que se pueden seguir en los videos que la AMP ha hecho circular recientemente.He ordenado la puntuación en cinco secuencias, cada una de las cuales constituye en sí misma un posible eje de investigación para el próximo congreso.

Transformaciones en el orden simbólico.
Una variación en el discurso del amo.
Consecuencias sobre el síntoma.
Para el psicoanálisis.
Un nuevo amor.


1. Transformaciones en el orden simbólico
Esta secuencia podría ubicarse bajo la afirmación de Lacan en su escrito titulado Kant con Sade: “Aquí como allá, se prepara la ciencia rectificando la posición de la ética”.El psicoanálisis ha jugado un papel relevante en esta transformación, al punto que J.A.Miller llega a afirmar que la actual conformación del discurso del amo es equivalente a la del discurso analítico: “no es absurdo, a priori, que el discurso de la civilización hoy tenga la misma estructura que el discurso del analista”.J.A.Miller inicia su intervención en Comandatuba señalando un rasgo del sujeto hipermoderno: su desinhibición con respecto al plus de goce que encarna el objeto a y su desorientación como consecuencia. Se trata, dicho rápidamente, del “quiebre de la moral civilizadora”, de la función del Ideal bajo el régimen del NP, causa de la pérdida de goce y de la represión, en definitiva del final de una organización del malestar subjetivo y social bajo el régimen de la falta y la metáfora.J.A.Miller se pregunta desde cuándo se viene gestando este “quiebre”. En esta ocasión (pues Miller ha señalado a lo largo de su curso diversos momentos en la historia de los discursos, subrayando la responsabilidad que Lacan atribuyó a la ciencia en esta operación) Miller señala el momento del tránsito de la civilización agrícola a la sociedad industrial generadora de nuevas ficciones, y el momento en el que lo real producido por la misma comienza a devorar la naturaleza. Resuena con el texto de Heidegger del año 38 “La imagen del mundo” -texto de referencia para Lacan en la Tercera- que comienza con la frase: “El hombre está a punto de lanzarse sobre la tierra íntegra y su atmósfera, de usurpar y de sujetar, bajo la forma de “fuerzas”, el reino secreto de la naturaleza y de someter el curso de la historia a la planificación y al dominio de un gobierno planetario. Ese mismo hombre rebelde no está en condiciones de decir simplemente lo que es, de decir lo que significa, en general, que una cosa sea”.E. Laurent, por su parte, señala los años 30 como momento crucial en la transformación del orden simbólico en el campo de la ciencia. En el ámbito de la lógica y la matemática, Rusell, Cantor y Gödel, demuestran y formalizan la inconsistencia y la incompletud de lo simbólico, desbaratando los proyectos de construir una teoría general de la relación entre lo simbólico y lo real que animaron el final del Siglo XIX. Einstein y Heisenberg, por su parte con la relatividad y el principio de incertidumbre en la física, terminaron de rematar la faena. Otras fracturas y transformaciones acompañaron este movimiento: en el arte con la fractura de la buena forma, en la literatura con la del relato, y en la política, recordemos que de entrada, el fascismo se postuló como un Nuevo Orden.Por su parte, Freud planteó una suerte de equivalencia con las paradojas del infinito rusellianas al desplegar la división del sujeto en el sueño, e introdujo otra paradoja radical con el principio del placer, cuestión a la que alude la frase de Lacan en Kant con Sade. Las paradojas derivadas de la incompletud e inconsistencia del Otro simbólico se articulan al goce.Por otro lado, Freud se alinea con el discurso de la ciencia al sostener que hay un saber en lo real, pero al mismo tiempo descompleta y corrompe el discurso científico al afirmar que no sólo hay saber en lo real, sino además un sentido en lo real, lo que implica intencionalidad, soporte del ser del síntoma. Y más aún, que la sexualidad agujerea este saber.Tenemos entonces las condiciones de fractura del viejo orden simbólico, bajo el régimen del NP. Habría que considerar además otros elementos para situar la transformación del orden simbólico, como es el desarrollo del discurso capitalista.En cualquier caso, la transformación del orden simbólico afecta a cada uno de los elementos del discurso, como veremos a continuación. Llegamos así a la segunda secuencia.

2. Una variación en el discurso del amo
Con cierto suspense, Miller desgrana en su intervención las transformaciones de los elementos que conforman el actual discurso del amo. Las transformaciones sufridas por el orden simbólico no nos han sumido en la esquizofrenia, sino que nos sitúan ante otro orden discursivo y Miller no recurre al discurso del capital como variante del discurso del amo para caracterizar el momento actual, sino que señala la sorpresa que supone constatar que el actual discurso del amo responde a la articulación misma del discurso analítico, ¡el actual discurso del amo es el éxito del discurso analítico y no su reverso!Se trata entonces de transformaciones en los elementos, en su disposición y en sus significaciones.

a El objeto a, elevado al cenit del cielo social, del “socielo”, es la nueva brújula desorientadora del sujeto hipermoderno, brújula ansiógena que invita al sujeto a franquear todas las inhibiciones: a→$El a ocupa el lugar ocupado anteriormente por el viejo S1, el S1 que en la época del NP está coordinado al Ideal del yo. Esta promoción del a al “socielo”, se encarna de manera cruel en el ojo absoluto, expresión de G. Wajman, o en la voz de Nike: “Just do it!”, envoltura cruel del mensaje primordial, “¡Goza!”, mensaje sin significación alguna. Es la adicción generalizada, la perversificación de la época, como resultado de la corrupción del régimen del deseo y la falta, en los que el “ocio” y el “entretenimiento” se transforman en una nueva exigencia.
S1 La progresiva caída del S1 de la moral civilizadora -tras la desaparición de Dios de la escena, tras la fractura del NP- da paso a un enjambre inconsistente de S1, y encontramos distintas significaciones que adquieren los S1 en la época: el S1 de la propia evaluación que ha de producir el sujeto, el S1 de la autoayuda y los manuales, el S1 de la pseudonominación que Lacan denominó “nommer a” en el tiempo de la forclusión generalizada y las psicosis ordinarias. Este enjambre inconsistente de identificaciones se ordena bajo la ley de hierro del igualitarismo.El S1 descarnado al que hace referencia Graciela Brodsky en su intervención, suscita la burla y la incredulidad de la autoridad y de todos los semblantes. Su caída, lejos de permitir ninguna reconciliación con el goce prohibido, ni con la naturaleza, ha sido reemplazado por un mundo de planillas, de burocracia, de normas, de manuales y de estúpidos consejos, de identificaciones sin ideal que no encajan en ningún Otro, y que nos abocan a las paradojas contemporáneas de la identificación, que Graciela desgrana en su intervención, a partir del ejemplo del “grupo de suicidas” de France Telekom.Este S1 descarnado se revela como reducción a mero imperativo superyoico del viejo Ideal del yo, y su corolario de imperativos de seguridad y transparencia, como prolongación del ojo absoluto.
S2 Finalmente el saber ocupando el lugar de la Verdad/Mentira, es decir, reducido a un semblante sospechoso, relativo, motor del escepticismo y el cinismo socrático, que corrompe la creencia en el saber de la ciencia, como demuestra el resurgir del movimiento antinuclear ante la catástrofe de Fukushima. Un saber discutido permanentemente por los sujetos de nuestra época, sujetos que a la par se ven confrontados con un universo de saberes sobre los que no tienen posibilidad de dominio alguno. La creencia misma se halla en cuestión, como señala Miller en su “Retorno sobre las psicosis ordinarias”, y precisamos de CMB, Compensatories-makes-believe, como “suplementos de creencia”. Los muñidores de la publicidad y la propaganda, desde Goebels, conocen bien los recursos que configuran el “cuarto poder”, que en la época de internet abre nuevas perspectivas ante una verdad desplazada y degradada como “decir del sujeto”.Estos cuatro elementos, en nuestra civilización, están disjuntos, en esta nueva conformación del discurso del amo, dispuesta como el discurso analítico, afirma Miller.
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El plus de gozar comanda, el $ trabaja, las identificaciones caen reemplazadas por la evaluación homogenizante, el saber se activa para mentir y progresar.El régimen de la palabra y del decir queda comprometido. Es el ensombrecimiento de la metáfora y de un régimen de la palabra que ya denunció George Steiner en los años 60 en “Lenguaje y Silencio”.



3. Consecuencias para el síntoma
Las transformaciones en el orden simbólico afectan a todos los semblantes y todos los elementos del orden simbólico. Del mismo modo que Freud abordó la transformación de la sintomatología en el giro del siglo XIX al XX en su texto de 1908 “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, constatamos las transformaciones en el síntoma en nuestros días. Los síntomas están articulados en significantes, pero no son esencialmente mensajes, sino ante todo signos de la no relación sexual. Otro modo de decirlo, afirma Miller, se trata de “síntomas goce”, que expresan el desarreglo del goce. Por su actualidad, subrayaré dos de las intervenciones del brainstorming que avanzaron en esta dirección:Hay que seguir con atención la intervención de Catherine Lazarus Matet sobre las nuevas conformaciones sintomáticas en las mujeres, para constatar las consecuencias del impase sobre el Falo y la metáfora en este ámbito.Catherine diferencia dos series distintas de mujeresLa primera, bajo el diagnóstico de psicosis ordinarias, tienen parejas sólidas. Buscan regular fenómenos de cuerpo y manifestaciones de angustia que implica un Otro más o menos malvado del que se exceptúa el partenaire, y que adquieren con el analista un saber hacer sobre una posible amenaza, siempre en espera. El amor aporta para estas mujeres una solidez al defecto simbólico, como fue el caso de Lol V. Stein.Una segunda serie, fundamentalmente neuróticas, célibes, independientes, hetero u homosexuales, que mantienen relaciones sexuales en las que el amor está ausente, ocasionalmente degradadas por su exhibición en Facebook, marcadas por el impasse de su padre, exigen la garantía de un amor durable que las deja solas buscando un partenaire con sello de calidad sin el cual no pueden hacer una apuesta. Objetos degradados de un partenaire insuficiente que puede levantar su mascarada dejándolas cautivas de internet, están lejos de ser aquellas que encarnan el falo imaginario en la clandestinidad para un hombre. La versión fálica existe, pero la insatisfacción es máxima, el no-todo que la causa confina con un plus de no-todo, o incluso un nada-de-nada, acentuado sobre lo que se enuncia como una feminización del hombre. Estas mujeres no aceptan, cuando la encuentran, la entrega fálica sin garantías, difícil entonces ser una mujer para un hombre. Sin embargo frecuentemente obtienen signos de amor de una mujer que les habla.La intervención de Esthela Solano, por su parte, pone el acento sobre la nueva escritura sms que utilizan los jóvenes, señalando la proximidad de esta escritura con lalengua y el efecto de dificultad que induce para la subjetivación y el decir.A estos brevísimos ejemplos en los que captamos algo de las consecuencias de la degradación del falo y de la relación a la escritura, pueden añadirse otros muchos, empezando quizás por la seria más conocida de aquellos síntomas cuya fenomenología da cuenta de un goce frecuentemente desconectado del inconsciente -adicciones, anorexias, hiperactividad, etc.-.


4 y 5 ¿Qué consecuencias para el psicoanálisis?¿Un nuevo amor?
Como vimos anteriormente, el discurso analítico ya no es más el envés del discurso del amo, sino su éxito, lo que lo pone en cuestión. Y su futuro depende de que sepamos ubicarnos con respecto a lo real. No lo hará el psicoanálisis si se agota tratando de restituir la tradición. Tampoco aislándose. Se trata entonces, afirma Miller de “regimentar el psicoanálisis según el progreso de las ciencias y las falsas ciencias”, a condición de reinventar la práctica en la vía abierta por la última enseñanza de Lacan.La pulverización del síntoma, entre real y sentido, pone en dificultades a la interpretación.Por otro lado, el igualitarismo, la burla de los semblantes y el cuestionamiento del saber, han colocado contra las cuerdas al viejo sujeto supuesto saber. De tal modo que en las coordenadas actuales, el SSS ya no es más el soporte de la transferencia, sino más bien, al revés. Lo que hace existir al inconsciente como saber, señala Lacan en el final de su enseñanza, es el amor. Es el amor el que puede hacer mediación entre los unos solos, pues el inconsciente primario, el inconsciente real, no existe como saber, hace falta el amor para ello, para poner en juego el inconsciente transferencial. Y un análisis demanda amor al inconsciente para hacer existir, no la relación sexual, sino la relación simbólica entre S1 y S2. ¿De qué depende entonces la posibilidad de un nuevo amor con el psicoanálisis y con el saber? Esta es otra de las cuestiones principales que se abren en estas nuevas coordenadas. Esto en cuanto a la puesta en juego de la suposición de saber.Si la interpretación y la transferencia se ven afectadas por las nuevas coordenadas de lo simbólico, encontramos en la orientación trazada por la última enseñanza de Lacan, cuyo movimiento acompaña estas modificaciones, elementos para orientarnos.Del lado del psicoanálisis puro, un análisis llevado a su término traza su recorrido llevando a los S1 al punto en el que ya no hay orden simbólico, en el que el desorden simbólico, como afirma Eric Laurent, es lo real de lalengua, y en el que puesto al desnudo ese real, puede restablecerse un orden simbólico. El recorrido de un análisis se inaugura por la instalación del inconsciente transferencial, por el lazo asociativo de dos significantes S1→S2. Termina con un horizonte donde los significantes amo del sujeto se aíslan de los múltiples lazos que habían tejido tomando una dimensión real siendo por lo tanto su retorno a las cadenas identificatorias imposible, S1 se encuentra separado de S2, lo que por otra parte, permite el cercado de un agujero. Por ello, cuando afirmamos que “el orden simbólico ya no es lo que era”, dice M. Tarrab, esta frase, más allá de ubicar las consecuencias clínicas y sociales de la fragilidad de lo simbólico, es por otro lado una frase que podría formular alguien al final de su análisis con respecto al resultado de su experiencia.¿Qué lección podemos extraer de allí para orientar al psicoanálisis en las coordenadas del Siglo que comienza? ¿Cómo se las arregla un sujeto cuando al final de su análisis se confronta con un Otro que se desvanece? Para Sergio Careto, el padre queda reducido a “un programa de computadora”, o para Patricia Bosquín, este deviene “un traje dejado atrás”. Confrontarse a eso supuso para cada uno de ellos una conmoción fundamental. Pero sus testimonios permiten apreciar que un psicoanálisis le permite a un sujeto no quedar desguarnecido cuando lo simbólico ya no es el que era. Y el resultado no es ni la devastación, ni el empobrecimiento, ni el anonimato, además, su relación con lo real ha cambiado. Es decir que del pase y del final del análisis tenemos algo que aprender respecto de un simbólico que ya no es lo que era. Es lo que el psicoanálisis puro puede enseñarnos de cara al próximo congreso.t

 

 

 


EL AUTOR 
Andrés Borderías.
A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. Director de la revista Letras. Email:aborderias@arrakis.es

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