Pensar el pase supuesto de Freud*

Pensar el pase supuesto de Freud*
Textos: Manuel Montalbán PeregrínI
* Texto original del autor.

pase3_4.jpgDel llamado “Trastorno de memoria en la Acrópolis”.En la primavera de 2007 -en concreto el viernes 13 de abril, hace ahora ya 4 años- Laure Naveau visita Málaga invitada por el ICF y en la conferencia previa del Rectorado nos habla del pase de Freud a propósito del episodio de la Acrópolis. Freud relata este episodio en el homenaje de cumpleaños a su amigo y premio Nóbel de literatura Romain Rolland. Zweig admiraba profundamente a Rolland, de quien una vez aseveró que era “la conciencia moral de Europa”.Se trata concretamente de la lectura que un anciano Freud realiza en 1936 de un trastorno suyo de la memoria, más bien de la percepción, en una visita a la Acrópolis ateniense ocurrido treinta y dos años antes en el transcurso de un viaje a Italia y Grecia realizado con su hermano menor, de la misma edad que el propio Rolland.Laure Naveau a partir del Seminario de Jacques Lacan, La Angustia refiere un más allá de la cuestión del padre en este episodio, evidenciando que la causa del llamado trastorno de memoria hay que situarlo en un objeto, causa de la angustia, pero también del deseo de Freud: el objeto mirada, la del hijo sobre la Acrópolis y la del padre sobre el hijo. J-A. Miller 1 aclara cómo entre los dos enunciados de Freud “así todo esto existe tal y como lo habíamos aprendido en el colegio” y “lo que aquí veo no es real” se despliega la figura paterna. Freud pasa del trastorno al rechazo, y finalmente a un análisis nítido de éste: el placer de la mirada asociado a la caída del trono paterno. La mirada del padre, un padre sobrepasado en la visión directa de los ideales de la cultura clásica, posada sobre Freud le impide disfrutar de aquel grandioso espectáculo.La culpabilidad contigua se relaciona directamente con el franqueamiento de la prohibición paterna, y tiene como conclusión el retorno de su descontento en el seno de la familia del que el anhelo de viajar era clara manifestación.En este punto Laure Naveau detecta que cuando llega el momento de querer saber, Freud se separa de la mirada del padre y puede hacer de esta mirada la causa de su deseo, después de haber sido la causa de la defensa contra su deseo. No es precisamente la Acrópolis lo que no existe, más bien se trata del surgimiento del vacío que ella deja en la mirada del padre.A través del texto de homenaje a su amigo Rolland, cuando Freud cuenta ya 80 años, testimonia de la separación de la mirada del padre, un salto hacia otro saber que permite extraer el objeto, hacer existir lo real del objeto, separarse y reencontrarse en la vía del deseo. Pensemos que la perturbación del recuerdo en el umbral de la angustia representa aquí también un claro límite a la (ilimitada) metáfora arqueológica freudiana.Algún testimonio de pase más o menos reciente recurre a este episodio y a sus consecuencias para el deseo de saber. F. Naparstek 2 en su testimonio lo toma como punto de partida para relatar su experiencia de un primer análisis que concluye con una identificación al padre ideal por la vía de la creencia de la superación y destrucción para poder prescindir de éste. La conclusión de este segundo testimonio apuesta por la importancia de lo vivo del analista, encarnar algo de lo vivo.Por su parte, O. Delgado3 conecta la visita a la Acrópolis de Freud con el descompletamiento del Otro, el arribar a un territorio nuevo e inédito que orienta la autonomía de su descubrimiento, de su “osada intromisión”. La decisión de aceptar la recomendación del amigo de su hermano en Trieste para cambiar Corfú por Atenas como destino, a pesar del malhumor generado, arranca a Freud de la coartada neurótica de superar al padre y lo precipita al punto de conmoción de la realidad que tendrá como efecto la invención sin Otro: el analista. Podemos hablar con L.Naveau de un encuentro con el no-saber, un punto de “no hay” equivalente a la castración que permite que surja un deseo de saber para otros más que para sí mismo: el pase de Freud.A partir de esta conferencia, Paloma Blanco y yo le dedicamos un texto a las implicaciones de este pase “supuesto” que apareció en la publicación de la IX Conversación de la ELP, en Madrid el 5 de mayo de 20074. Partimos del capítulo “La imagen reina” de Elucidación de Lacan, en relación al pase, donde Miller define el objeto a como elisión de estructura, como agujero, y de este modo como equivalente al marco, a la ventana, y opuesto al espejo. El pase, como caída del objeto a, “quiere decir algo así como ver la ventana y conocerse como sujeto de la pulsión”. Nuestra hipótesis era que la elaboración del episodio de la Acrópolis estaría en esta lógica.La castración, nombre freudiano de la imposibilidad, es la certeza del límite con el que se topa el saber para colonizar lo real y hace la incompletud y la inconsistencia del Otro. La castración es el agujero que en el saber hace lo real. El objeto a es el plus de goce que vela ese agujero en el saber y que al desvelarlo deja despejada la causa del deseo.La pérdida de sentido como efecto del análisis y condición de su fin, pérdida de sentido que es también el más allá del padre, va a posibilitar prestarse a hacer de semblante de objeto a para otros como agente del discurso analítico. En cada sujeto hay un indecible del que lo simbólico no alcanza a dar cuenta, ese indecible que hace a la verdad no-toda es la castración. Ese indecible de objeto es el significante que falta en el Otro.El deseo del analista, apuntando a lo real del goce más allá del sentido, va a permitir mostrar la causa del deseo como vacío y no como plus, efectuando un corte que permita separar la amalgama de sentido y goce que parasita y somete al sujeto revelando el goce único y singular de cada cual, escenificado y defendido por el fantasma que vela la marca de su encuentro con lo imposible. En la Conferencia de Comandatuba, Una fantasía 5, Jacques-Alain Miller hablando de éxitos y fracasos del psicoanálisis y en referencia al pase, afirma que quizá no hay que estar tan orgullosos porque los primeros son de una contingencia tal que por sí mismos no invalidan la ley del fracaso sino que más bien la demuestran. Se trata de una lógica especial en la propuesta lacaniana que permite corroborar cómo la contingencia prueba, o al menos atestigua, la imposibilidad. Miller lo expresa diciendo “En el fondo, el hecho de que haya contingencia hace que, no podamos ni decir que el fracaso sea la ley de lo real, según la fórmula enigmática de Lacan: lo real es sin ley. Si no hubiera la contingencia para desmentir lo imposible, tendríamos una ley en lo real, pero no tenemos ni siquiera eso”.
Pase supuestoPero al pase supuesto de Freud, que interesa a los lacanianos desde la década de 1970, ha precedido la pregunta por su autoanálisis y las fuertes implicaciones transferenciales de sus intensas relaciones epistolares, sobre todo con Fliess. Algunos autores, como recientemente V.Coccoz 6, incluso disuelven las fronteras entre ambos momentos: “una pieza clave del pase de Freud adquiere valor especial, la encontramos en las cartas a Fliess”. Esta superposición entre autoanálisis-cartas a Fliess-confesión-conclusión-testimonio puede conducir a confusión. Aquí podemos recordar la aclaración de P. Monribot 7 que define el proceso del pase como un tiempo para comprender: “la nominación fue un momento de concluir y ese sueño (sueño del sillón vacío del analista) funciona como un punto de capitón que esclarece lo que ya sabía”.La primera autora que habla del pase supuesto de Freud es Diane Chauvelot 8 en 1977, AE de la EFP, contemporánea de Lacan, que falleció en 2008, después de una vida intensa dedicada al psicoanálisis, y que en 1998 publicará todo un best-seller sobre su propia experiencia de coma, relacionándolo con un viaje al inconsciente. La hipótesis de Chauvelot, que retomará más cercanamente Michel Bousseyroux 9, es que Freud elige para hablar de su análisis con Fliess de sus experiencias trans y contra transferenciales, de sus conclusiones, enseñanzas extraídas, a su reciente amigo, y todavía no analizante, Sandor Ferenczi.Ferenczi aún no es analizante de Freud en 1910, y realizan juntos un viaje a Sicilia desde el balneario holandés de Noordwijk a través de Italia (pasando por París) en septiembre de ese año. Durante el viaje se fortalece la confianza entre ambos, aunque hay indicios también de exasperación de Freud hacia ciertas actitudes poco maduras de su compañero de viaje. Ferenczi formula además su demanda, que reiterará a lo largo de sus veinticinco años de relación amistosa y profesional, de una relación mutua caracterizada por una “franqueza analítica” (confesión recíproca), demanda que a ojos de Ferenczi, Freud siempre dejará parcialmente desatendida. Hay varias razones que se oponen a esta sinceridad recíproca demandada: el carácter fundamentalmente reservado de Freud, el inicio de un análisis intermitente por parte de Ferenczi con el propio Freud, las reservas de Freud hacia su discípulo a medida que éste desarrollaba sus innovaciones técnicas y teóricas (terapia activa, análisis recíproco, Thalasa, teoría de los orígenes de la sexualidad humana…), y también la propia diferencia de edad entre ambos hombres: diecisiete años menor el pupilo respecto de su maestro. Freud descubrió pronto la enorme capacidad especulativa de Ferenczi, de la que Jones (analizante de Ferenczi) diría que era un hombre con hermosa imaginación, quizás no siempre disciplinada, pero siempre sugerente.En una carta de la época (6-10-1910) Freud responde a Ferenczi 10: “Usted no sólo ha advertido, sino que lo ha comprendido también, que yo ya no siento necesidad alguna de poner completamente al desnudo mi personalidad, y ha comprendido también cuál es el hecho traumático en que se origina esta actitud. Después del caso Fliess, en cuya superación me ha visto usted recientemente ocupado, aquella necesidad se ha extinguido. Una parte de la catexia homosexual ha sido retirada y empleada en el ensanchamiento de mi propio yo. He tenido éxito allí donde fracasan los paranoicos.” Es la época de su trabajo con las memorias del presidente Schreber.Durante el viaje, y esa es la hipótesis de Chauvelot, Freud se sincera con Ferenczi, lo que le ayuda a la elaboración de una conclusión respecto a la finalización de su relación transferencial con Fliess. Freud se replantea “la pasión de la transferencia”, hace un duelo por aquello que Fliess representaba para él, y transciende esta separación dolorosa, cambiando su posición subjetiva, su relación con el Otro y la demanda. Chauvelot resalta la idea de Freud de triunfo allí donde el paranoico fracasa en la relación especular. Se las arregla para separarse allí donde el paranoico se enajena como objeto del Otro. No será ajena a esto la compleja relación posterior Freud-Ferenczi. Fruto de este viaje también es un apartado del artículo “Una contribución al olvido de nombres propios”, que aparece en el mes de junio de 1911, y será incorporado al año siguiente a la cuarta edición de la Psicopatología de la Vida Cotidiana 11, ilustrando el modo en que “un complejo personal que domina a un sujeto en un momento determinado puede producir en dicho momento y en cuestiones apartadas de su naturaleza propia, el olvido de un nombre”. Unos meses después del viaje los dos turistas se reencuentran y el más joven no consigue recordar el nombre del lugar donde pernoctaron para a la mañana siguiente acudir a una excursión (templo de Minerva en Selinunte). El mayor de los dos amigos se contagia de este olvido y ninguno de los dos consigue evocar el nombre del lugar, aventurando otros nombres aproximativos, Catalafimi, Caltanisetta. El más joven rechaza esas aproximaciones y dice que la pista no va por ahí, que cree que el nombre comenzaba por wo, o al menos tenía una v, pues confunde ambas consonantes en su lengua materna. Recuerdan el nombre de otro lugar situado sobre una altura al que los antiguos llamaban Enna: Castrogiovanni, y de ahí surge en el joven el nombre olvidado en cuestión: Castelvetrano. Aquí Freud encuentra la razón de su olvido, Castel-vetrano, vetrano recuerda a veterano, y comenta brevemente, no le gusta pensar en la vejez. No queda explicado, sin embargo, por qué al más joven de los amigos le afecta también este olvido, y será en la reedición de 1920 cuando Freud recurra a la implicación de la psicología de las masas como nueva perspectiva aclaratoria: se trata de un olvido colectivo, vinculado al tercer modo de identificación, que distingue indiferente del objeto de amor en su condición de sostén del deseo.Como aclara Miller en el texto Nuestro sujeto supuesto saber 12, no hay el inconsciente primero y luego la transferencia. La posición operatoria misma del inconsciente se sostiene en la transferencia como transferencia de saber: el inconsciente es por estructura una hipótesis, una suposición.
Más allá del “complejo de vejez”El llamado “Complejo de vejez” freudiano no queda ahí. Podemos comentar también el episodio con Putnam, un eminente neurólogo americano en Harvard que hace de anfitrión de Freud en su visita a EEUU y reseña para la Journal of Abnormal Psychology. Algunas de sus conferencias con palabras más que halagüeñas pero introduciendo la observación de que Freud ya no es un hombre joven. En una carta a Jung, Freud confiesa que este comentario le irritó profundamente, mucho más de lo que todo el comentario positivo pudo complacerlo 13 .Al regreso de Sicilia, Freud encuentra un envío de Putnam, un artículo que Freud pide traducir para su revista Zentralblatt. Freud no firmó la traducción pero en una nota al pie comenta entre otras cosas el prestigio del autor que ha dejado ya bastante atrás sus años juveniles (contaba 64 años; se la devuelve), añadiendo que el año pasado “tomó su lugar en primera línea de los campeones del psicoanálisis”.D. Zimmerman 14 encuadra este “complejo de vejez” en la preocupación de Freud por el futuro incierto del psicoanálisis y la inquietud por asegurar la transmisión de su proyecto. Estamos aún en el registro del espejo: el dios anciano que desea ser sacrificado y resucitar rejuvenecido de nuevo en un joven elegido.En el texto de la visita a la Acrópolis 15 se hace patente asimismo la referencia a la avanzada edad de Freud. En la presentación del homenaje al septuagésimo cumpleaños de Rolland, cuando Freud ya contaba 80, dice tener su capacidad de producción agotada, “un venido a menos que ha visto días mejores”, alguien que depende de la ajena indulgencia y que ya no puede viajar… Así retoma un episodio de 1904 (anterior al viaje con Ferenczi) que afirma nunca llegó a entender completamente. Como en la carta de comentario del libro del también checo Istvan Hollosque que remite con inexplicable retraso, su clara posición en el sentido de la primacía del intelecto queda cuestionada. Llega a decirle a Hollos en esa carta de 1928 que con el tiempo ha dejado de encontrarse un sujeto interesante para analizar. Pero la lectura del texto sobre la realidad asilar de enfermos crónicos de Hollos lo deja muy afectado: relanza su relación con el Yo-no-quiero-saber-nada-de-eso, por el que se llega a definir incluso como un mal psiquiatra por su rechazo del tratamiento de la psicosis. No es desde luego el entusiasmo el afecto freudiano de estos últimos años, pero como afirma Miller en Cosas de Finura 16, nada envejece más que el entusiasmo. En 1936 Freud sorprendentemente se permite introducir una nueva elaboración (ninguna interpretación está propiamente hablando, terminada), más allá de la mirada del padre y del autodenominado “complejo de vejez”, ver la ventana y conocerse como sujeto de la pulsión.

 


EL AUTOR. 

Manuel Montalbán.
A.P. Psicoanalista en Málaga. Miembro de la ELP y la AMP. Email: fmontalban@uma.es

Referencias
1 J-A., Miller, Silet. Curso de 1995-1996 (inédito). Clase del 7-6-95.2 F, Naparstek, Testimonio
2. Pase y Transmisión. Colección Orientación Lacaniana, 2003.
3 O. L. Delgado, Abducción y pragmatismo. Consecuencias, 1, abril. 2008.
4 P, Blanco y F. M. Montalbán, El pase de Freud, 3 S P, Nº 12, 4 de mayo 2007.
5 J-A. Miller, Una fantasía. El Psicoanálisis, 9, 2007.
6 V. Coccoz, El pase de Freud. Letras, 1, 19-22, 20107 P. Monribot, Actualidad del pase. Letras, 1,p. 8-15, 2010
8 D. Chauvelot, Syracuse 1910: la passe-supposée de Freud. Ornicar, 12/13, 127-137, 1977.
9 M. Bousseyroux, Freud, Ferenczi, Archimède et le papyrus. L’en-je lacanien, 2, 9, 189- 194, 2007.
10 S. Freud y S. Ferenczi, Correspondencia completa. Madrid: Editorial Síntesis, 2001.
11 S. Freud, Psicopatología de la vida cotidiana. En Obras completas, vol. VI. Buenos Aires: Amorrortu, 1988.
12 J-A Miller, (2006) Nuestro sujeto supuesto saber. Intervención en las Jornadas de estudios de la ECF. En http://www.elp-debates.com/e-textos/nuestroSsS-JAMiller.prn.pdf
13 G. Prochnik, Putnam Camp: Sigmund Freud, James Jackson Putnam, and the Purpose of American Psychology. Nueva York: Other Press, 2006.
14 D. Zimmerman, Un recuerdo inter-dicto de Freud. Cuadernos Sigmund Freud nº 16. Buenos Aires: Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1993.
15 S. Freud, Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis. En Obras completas, vol. XXII. Buenos Aires: Amorrortu, 1988.
16 J-A. Miller Cosas de finura. Curso inédito. Clase del 26-11-08. Consultado en http://www.eolrosario.org.ar/CURSO%20JAM/JAM%2026NOV.pdf

Usted está aquí: El pase Pensar el pase supuesto de Freud*

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares. Si no cambia la configuración de su navegador y continua navegando consideramos que acepta su uso. SABER MAS.

Acepto cookies desde este sitio web.

EU Cookie Directive Module Information