El cuerpo, su movimiento, su goce*

El cuerpo, su movimiento, su goce*
Textos: Vilma Coccoz
*Texto original de la autora

dossier3_4.jpgLas próximas jornadas de la ELP llevan por título Cuerpos escritos. Cuerpos hablados. Nos ofrecen una ocasión excelente para estudiar la dimensión del cuerpo en los seres hablantes. Dimensión compleja, enigmática; en algunas ocasiones, inquietante, en otras, angustiante. Sede de placeres ansiados o inesperados, en muchos momentos el cuerpo se hace presente con un halo de extrañeza. Rebelde a los mandatos del yo, ajeno a las conveniencias, el cuerpo puede llegar a convertirse en tótem personal, en fetiche, en objeto de adoración o de autocastigo. El cuerpo es, pues, el asiento del síntoma y la clínica freudiana así lo demuestra. Si tomamos en consideración, por ejemplo, el caso Juanito, vemos que el cuerpo se sitúa en primer plano, atenazado por la inhibición asociada al síntoma fóbico. El análisis realizado por Max Graf a su hijo de cinco años1 constituye una enseñanza fundamental respecto de las dificultades que pueden presentarse con el movimiento del cuerpo y con su goce.


1) La carretera principal 
En el Seminario III encontramos un extenso desarrollo acerca de lo que hace posible nuestro movimiento. Sin los mapas, sin el orden significante, no podríamos orientarnos en nuestro andar por el mundo. Lacan subraya el significante carretera entre los distintos caminos porque “es una dimensión desarrollada del espacio, la presentificación de una realidad original” 2. A diferencia de un sendero de elefantes, constituye una vía de comunicación, posibilita el movimiento de ida y vuelta. No sólo eso, los elefantes no se detienen, les guía una dirección señalada por el instinto. En cambio, continúa Lacan, los seres hablantes nos detenemos, tendemos a aglomerarnos (en residencias, casas, albergues). Y hacemos “viscosos” los pasos hasta transformarlos en impasses como lo son, claramente, las grandes ciudades. El surgimiento histórico de la vía romana ha dejado una huella decisiva en la tradición occidental. Como significante, “polariza, aferra, agrupa, un haz de significaciones” y se distingue de los caminos imperiales de Oriente, porque marca de manera “casi imborrable los lugares donde ha estado”3. Se detecta su incidencia sobre “las relaciones de derecho, (…) en el modo de transmitir la cosa escrita, y en el modo de promover la apariencia humana, las estatuas”4. Hervé Castanet explica que la estatuaria se distingue de la pintura no sólo porque se define en volumen, sino por “ser cuerpo”. El artista hace del cuerpo viviente un cuerpo inmovilizado, suspendido, vinculado a la muerte, aunque no es un cadáver. Al situarse entre lo vivo y lo muerto, la escultura suscita la pregunta acerca de lo que significa un cuerpo en tanto viviente, en tanto sexuado, en tanto sede del goce5.Por lo tanto, lo específico de la estatuaria es convocar la pregunta acerca de qué es lo que mueve y qué hace gozar a un cuerpo. Esto nos permite entender que la mención que hace Lacan a la circulación de las estatuas a través de las vías romanas se debe a que ellas traducían ciertas formas, ciertos semblantes y regulaciones de los lazos humanos, esto es, promovían ciertos signos de modos de gozar. Él llega a afirmar que “la noción misma de ser humano está vinculada a la vasta difusión de las estatuas en los asentamientos romanos”6

2) Nota sobre la primera y la última enseñanza de Lacan
En su primera enseñanza se enfatizaba el privilegio de lo simbólico en la constitución del sujeto, así como también la función legisladora del significante paterno sobre el goce sexual. La diversidad de las significaciones humanas y sus concreciones en las conductas corporales se habían revelado en estrecha dependencia de ese significante primordial. Esta perspectiva hizo posible el discernimiento de la diferencia estructural entre psicosis y neurosis. Al hacer de la carretera principal una metáfora del nombre del padre, Lacan constataba los efectos de su carencia: “…el significante ser padre hace de carretera principal hacia las relaciones sexuales con una mujer. Si la carretera principal no existe, entonces nos enfrentamos ante cierto número de caminitos elementales: uno, copular, y otro, la preñez de la mujer”. (…) Es el caso del presidente Schreber, quien se enredó hasta el punto de “… pensar que él mismo tenía que llevar ese peso, como una mujer, es decir, se imaginó a sí mismo como mujer. Luego, tuvo que efectuar, a través de un embarazo delirante, la segunda parte del camino necesaria para que la función paterna quedara realizada”7.A falta de la carretera principal deberán encontrarse caminos secundarios. El alucinado, desprotegido de la función paterna, no puede hacer oídos sordos al zumbido vociferante del parloteo humano y se ve obligado a estar atento a lo que le informan las voces, como si se tratara de los letreros que, en las orillas del camino, nos indican las rutas alternativas cuando no existe una principal. “Ese murmullo continuo de esas frases, de esos comentarios, no es más que la infinitud de los caminitos”8. Las significaciones estables, orientadas por la ruta principal, funcionan como sostén de lo que Freud llamó principio de realidad y, gracias a ellas, podemos ignorar dichos caminitos y no extraviarnos en su infinitud cuyo efecto acarrea “la fuga del sentido”.Schreber lo experimenta en el desorden de la palabra y del cuerpo, en la perturbación de su movimiento y del goce. El fantasma precursor del desencadenamiento, “qué bello sería ser una mujer en el momento del coito”, desembocó en el agujero, en la carencia de la carretera principal para ordenar el goce sexual. Se vio obligado a guiarse por los indicadores, los “caminos secundarios”, alucinatorios, del cuerpo explotado por el goce mortificante. Hasta que, al final, pudo alcanzar una solución, una recomposición de su cuerpo mediante un goce imaginario en el que consumó su transformación delirante en mujer.Según lo expone Miller, en la última enseñanza de Lacan se opera “una sutil degradación de lo simbólico desde su anterior pedestal” 9. Lo simbólico pasa a tener una importancia equivalente a la de los otros registros en los que se reparte nuestra experiencia: lo imaginario y lo real. La función primordial del significante es de nominación: “come lo real”, lo agujerea, lo limita. El orden, la ley, son interpretaciones, formaciones secundarias, productos discursivos que aportan un sentido. Son derivados de la operación primera de nominación, que se opera “por fuera del sentido”.La tesis de una pluralización de los nombres del padre se impone como consecuencia de haber advertido que otros significantes pueden hacer su función. A ello se añade la novedosa concepción de un “real sin ley”, la constatación de que no-todo lo real puede ser simbolizado. Se desprende de estos desarrollos la evidencia de la falla estructural, si bien no típica, de la función paterna, de los límites de lo simbólico para dar sentido al goce del cuerpo. La importancia del nombre del padre es innegable, pero estrictamente relativa al uso que hace posible su función lógica, lo cual se demuestra en cada caso: el nombre del padre deja de ser una especie de absoluto y pasa a ser sinónimo de una limitación, de una imposibilidad. De ahí que otros elementos puedan cumplir esa función, entre ellos el síntoma. En su función de nominación el síntoma permite una localización del goce, un tope a su errancia, a su infinitud, que es una fuente primordial de angustia; como la que experimenta Juanito cuando irrumpe la masturbación en lo real de su cuerpo y él no dispone del símbolo que le permitiría atraparlo en una significación, darle un sentido. 


3) La cuestión de Juanito
El problema de Juan es topológico, concierne al lugar desde donde desplazarse -¿qué recorrido hacer para poder volver?- y al lazo con el otro, -¿puede hacerlo solo o estará obligado a ir con su madre?- Si el retorno a su casa le parece imposible es porque no ha encontrado la salida del único circuito del que dispone, el materno. Por esta razón, Juanito no puede realizar el deseado proyecto de ir hasta la rampa situada enfrente de su casa, a jugar con los otros niños y luego volver, tranquilamente. Este hecho es destacado por Lacan, ya que no se debe a que el niño carezca de sentido de realidad o que tenga miedo de perderse. Juan explica cómo se las arreglaría para volver a su casa si esto ocurriera10. El síntoma del caballo es la primera invención del sujeto para nombrar su dificultad con el movimiento y le suministra un umbral, una señalización. Lo que Juanito teme es que intentando salir del circuito materno, la casa sea arrastrada y su lugar desaparezca 11. El temor al caballo es el primer puente para intentar salir de la relación de devoración con la madre motivada porque a ella, en tanto mujer, le falta un objeto. Es el eje principal del Seminario IV, el estudio de la incidencia de la sexualidad femenina en la formación subjetiva. Al desentrañar la lógica del caso, Lacan hace que el desarrollo de la cura se corresponda con la construcción de una metáfora paterna “oblicua, desviada” 12.En el camino hacia la solución “la transformación central es la de la mordedura de la madre en el desatornillado de la bañera” 13. El enfrentamiento al poder amenazante y opaco de la madre se transforma en el desmontaje de un aparato -no es toda la casa- y en esa bañera encuentra, por fin, un lugar para su cuerpo, y para su trasero.Los aportes del Seminario X completan esta lógica desde la perspectiva de la construcción del cuerpo a partir de la separación del objeto a -objeto real- “fuera del cuerpo”. Lacan construye un cuadro de dos ejes: uno el movimiento; el otro, la dificultad. En cada uno de los cruces entre ambos, el cuerpo está comprometido por la emergencia de un elemento real: el objeto a, el cual inhibe o impulsa el movimiento del cuerpo, lo desbarata o lo limita. Gracias al análisis Juanito consigue separarse del goce real, “el jaleo” e interesarse por el movimiento de los caballos, los coches y los trenes. Mediante esta operación simbólica consigue convertir a la madre en un elemento más de un sistema lógico, cuya permutación es posible. El resultado es un bricolage lógico del goce por medio de los significantes padre, madre, caballo, pezuñas, destornillador, pinzas…14. La posición del sujeto en la estructura se plasma en el síntoma concebido como “acontecimiento del cuerpo”, como una lógica encarnada. En este caso y siguiendo los desarrollos de Miller, la heterosexualidad no impide que el sujeto esté, fundamentalmente, en una posición femenina. La invención de dos madres indica que la metáfora se ha realizado con los elementos femeninos de la historia del sujeto. Se trata de “una derivación femenina del Nombre del padre”.De ahí la importancia de precisar la solución particular del circuito de salida: una ficción en la cual se marcha en tren con su abuela paterna antes de que llegue su padre, pero cuando éste le da alcance Juanito ya está ahí con él. Se trata de la fantasía del 21 de abril: “En Lainz había un tren y yo fui en él con la abuela hasta la estación de la aduana. Tú no habías bajado aún del puente y el segundo tren estaba ya en la estación de San Vito. Cuando bajaste ya había llegado el tren y subimos a él” 15. Lacan denomina bucle virtual a este anudamiento en el que el sujeto consigue atrapar una imposibilidad lógica para formar un circuito de salida. La fantasía de un viaje en el que se marcha solo, como un golfillo, en el vagón de un tren será el punto final a la fobia entendida como dificultad con el movimiento 16.


4) La relación con el cuerpo es de pertenencia
En el seminario Le sinthome Lacan explica que no somos un cuerpo sino que tenemos un cuerpo, como si se tratara de un mueble. En algunos casos se le cuida con esmero, en otros se le maltrata. La relación con el cuerpo no es evidente, de ahí las dificultades que entraña su movimiento, su traslado, incluso su quietud 17. Desde ese punto de vista, la función paterna, entendida como carretera principal, es el significante-amo que regula el tránsito, el “código de circulación” que hace posible trasladar el cuerpo, llevarlo de aquí para allá, facilitando su andar, su posible trayectoria en el espacio del Otro. Y en estos movimientos pueden presentarse extraños fenómenos de gran importancia clínica. Lacan nos lo enseña sirviéndose del episodio de la paliza sufrida por el personaje Stephen Dedalus, del Retrato del artista adolescente, de James Joyce. En este pasaje del relato llama la atención la ausencia de afectación y de cólera que normalmente acompaña un atentado a la imagen narcisista. Lacan afirma que tal extrañeza, tal ausencia de afectos respecto del cuerpo debe constituir “un signo para el psicoanalista”. Que el sujeto pueda ver caer su imagen como la “cáscara de un fruto maduro” revela la separación de lo simbólico y lo imaginario. La desunión de ambos registros ocasionada por la ausencia de la función paterna será restaurada gracias al ego del artista. Joyce se traza un destino regido por el silencio, la astucia y el exilio. Por medio de esta investigación Lacan desplaza el acento al punto de partida del movimiento del cuerpo, esto es, a su constitución trinitaria, el anudamiento de los tres registros. En el caso de Joyce se ve cómo la invención de su sínthoma por la adjunción del ego, de un imaginario vinculado a la escritura le permite marcharse, trasladar su cuerpo lejos de Irlanda junto a su pareja, Nora, y escribir su gran obra, Ulises, que transcurre durante un día, y dibuja un complejo recorrido por la ciudad de Dublín. La dimensión del cuerpo, sus goces y movimientos, los avatares de su circulación por la ciudad y los espacios, tienen una especial relevancia en el itinerario de Bloom, en el recorrido de Stephen, en el encuentro y separación de ambos, en su mutua adopción fallida.


5) Del síntoma al sinthome
El cuerpo como consistencia imaginaria se anuda a lo simbólico que hace posible la constitución del espacio para el ser hablante 18. El deslizamiento espacial es posible porque algo permanece fijo, como un anclaje lógico, un real de la estructura, “fuera del cuerpo”, a falta de lo cual se deambula de forma errática o es imposible el menor movimiento. La idea de permanencia nos la otorga lo imaginario porque la imagen del cuerpo se regula gracias a la consistencia que suministra la identificación al Uno, la misma que nos proporciona la idea de un límite. La gestalt corporal no es otra cosa que el resultado de la idea de estar contenido en un círculo en torno nuestro, de poseer un contorno. Pero si consideramos ese círculo como un redondel de cuerda, nos daremos cuenta, dice Lacan, de que se requiere hacer un nudo para que pueda cerrarse y formarse como tal. Una vez “anudado” el cuerpo se consigue, pues, circular, bajo el imperio del discurso del amo. La complejidad del asunto radica en que el movimiento del cuerpo implica la problemática del goce sexual. La lógica de la estructura impone tomar en consideración la problemática del falo y del goce femenino. Para Juanito lo “real sin ley” se presentó como el “tumulto”, el “jaleo”, origen de la angustia. Así leemos en la Conferencia de Ginebra 19. “Lo que se manifiesta en él, lo que él llama Wiwimacher (…) se introduce en su circuito”. Es un error calificar ese goce primero de autoerótico, continúa Lacan, “…es lo más hetero que hay (…) por eso lo encarna en objetos francamente externos, a saber, en ese caballo que piafa, que da coces, que corcovea, que cae al suelo. Ese caballo que va y viene, que tiene cierto modo de deslizarse a lo largo de los andenes tirando de un carro, es lo más ejemplar de lo que [el niño] tiene que enfrentar y sobre lo que no entiende nada.” Juanito estaba “amedrentado” por ese goce, por eso intentaba ponerlo “fuera del cuerpo”. El síntoma constituye “la significación de su rechazo”. Al final “logrará que otro, en esta ocasión su hermanita, soporte ese pequeño pene” 20. En Juanito lo imaginario no está totalmente desprendido como en Joyce pero requiere de la presencia corporal, de la apariencia del padre para recomponer la función que estaba “sostenida con alfileres.” El semblante paterno oficia como una especie de estatua animada, otorga una consistencia imaginaria y, en consonancia, el cuerpo de Juanito se viste con un semblante viril. La importancia del padre imaginario está en relación a la ubicación del falo del lado de las mujeres y revela el modo particular de resolver la falla estructural del padre. En el drama singular de su neurosis infantil Juanito concedía una peculiar importancia al cuerpo desnudo y a los vestidos. Más tarde, en su trabajo como règisseur de ópera, Herbert Graf explorará y explotará con gran éxito su interés por los semblantes. En el diseño de los movimientos en la escena supo coronar aquella investigación sobre el movimiento y el goce de los cuerpos que desarrolló en su análisis. Y es que, una vez atrapado en la lógica de un sinthome, el goce del cuerpo funciona como causa, como una satisfacción singular que rige secretamente el itinerario de una vida.


 

LA AUTORA
Vilma Coccoz. A.M.E. Psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. Docente del Instituto del Campo Freudiano-NUCEP. 
Email: vilmacoccoz@gmail.com

Referencias
1 El texto de Freud Análisis de la fobia de un niño de cinco años (caso Juanito) ha dado lugar a una exhaustiva reconstrucción biográfica. Cf. A. Pericone, M. Benítez, Fobias en la infancia. Letra Viva. Buenos Aires. 2010
2 J. Lacan, Seminario III, Las psicosis. Paidós. Barcelona. 1984. Capítulo XXIII.
3 Ibíd., pg. 416
4 Ibíd. El subrayado es nuestro.
5 H. Castanet, Entre mot et image. Cecile Defaut, Nantes, 2006, pg. 37
6 Ibíd., pg. 416
7 J. Lacan, Seminario III, pág. 418.
8 Ibíd., pg. 419
9 J. A. Miller, Curso de la orientación lacaniana 2004-2005: Piéces detachées. Inédito.
10 Juanito: “Siempre podría volver junto a mamá, en el mismo carro o en un coche de alquiler. Sé las señas de la casa.” S. Freud, Análisis de la fobia de un niño de cinco años, en Obras completas, Tomo II, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, pg. 1387
11 Juanito: “Me da miedo, porque si yo quiero llegar a la rampa pasando por encima del carro y el carro echa a andar de pronto cuando yo estoy encima, se me llevará.” Ibíd, pg. 1387.
12 J.A. Miller: La logique de la cure du Petit Hans selon Lacan. La Cause Freudienne nº69. pg. 101.
13 Ibíd., pg.103.
14 G. Hoornaert, Le Petit Hans et la construction del objet hors corps.La Cause Freudienne 69, pg. 33.
15 Ibíd. pg 1406. Interesa recordar el comentario del padre: “…ha deformado un trozo de su fantasía de fuga y la termina haciéndonos subir a los dos en el segundo tren.”
16 Fantasía del 22 de abril. Ibíd., pg. 1409
17 Como el llamado “síndrome de hiperactividad” que, en muchos casos, concierne a episodios de agitación psicótica.
18 No es posible hablar de construcción del espacio sin recurrir al “aquí” y “allí” que son estructuras de lenguaje. J. Lacan, « Allocution sur les psychoses de l’enfant ». En Autres Ecrits. Seuil. París 2001. P.367
19 J. Lacan, “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos. Manantial. Buenos Aires. 1988. Pág. 115
20 Ibíd., pg.128

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